30 de Noviembre de 1980 – 30 de Noviembre de 2020, se cumplen 40 años del Plebiscito Constitucional, en el cual el pueblo uruguayo desestimó la reforma propuesta por los militares. Repasamos imágenes y videos de ese día.


30 de Noviembre de 1980 – 30 de Noviembre de 2020, se cumplen 40 años del Plebiscito Constitucional, en el cual el pueblo uruguayo desestimó la reforma propuesta por los militares. Repasamos imágenes y videos de ese día.

Se cumplen 40 años del rechazo popular a la constitución impulsada por la dictadura. Es un hecho histórico porque marcó el principio del fin de la misma.

Según publicó El Popular, el NO de 1980 fue un momento de la historia donde el protagonismo popular modificó completamente la escena política. Solo se lo puede comparar con el Éxodo artiguista, con la Huelga General contra el golpe de Estado y con el Río de Libertad del Obelisco de 1983.


El triunfo del NO significó una derrota política para el proyecto de institucionalización fascista y mostró el aislamiento de la dictadura que solo pudo sostenerse a base de represión.
Para entender la importancia del NO hay que señalar que cada vez que la dictadura intentó algún grado de consulta popular, perdió. Fue derrotada en las elecciones universitarias de setiembre de 1973; en sus intentos de generar un movimiento sindical amarillo y domesticado; en el Plebiscito Constitucional de 1980; en las Elecciones Internas de los Partidos Políticos de 1982, donde los sectores democráticos triunfaron en los partidos tradicionales y el Frente Amplio, excluido y proscripto, con miles de presos y exiliados, marcó su presencia con 90 mil votos en blanco.
Estos hechos son una muestra de la tradición democrática del pueblo uruguayo, pero también expresan la resistencia permanente de las organizaciones populares, de la izquierda y de los sectores democráticos blancos y colorados.


Es muy importante hablar de cómo se construyó el NO, de qué era lo que se plebiscitaba y del protagonismo popular.
El discurso “oficial”, que omite varios de estos factores, ha significado -en el mejor de los casos- un empobrecimiento de la verdad histórica y, en el peor, una tergiversación interesada.

La consecuencia más dramática de la hegemonía de este discurso “oficial” es la impunidad, que no sólo ha impedido conocer la verdad de las violaciones a los derechos humanos y juzgar a sus responsables, sino que también ha puesto un manto de olvido a la finalidad de la dictadura.


Por eso es fundamental explicar cómo hace 40 años, en medio de una represión durísima, con miles de presas y presos políticos, decenas de miles de exiliados, de destituidos, los partidos políticos proscriptos, los sindicatos y las organizaciones sociales ilegalizadas y la inmensa mayoría de los medios de comunicación a favor de la dictadura, el pueblo dijo NO.
-¿Dictadura militar o fascista? La polémica sobre la dictadura, su carácter y sus fines, tiene plena y notoria vigencia. La conocida tesis de la derecha, denominada de los “dos demonios”, afirma básicamente que la dictadura fue consecuencia del exceso de un grupo de militares en el enfrentamiento a expresiones armadas de la izquierda. Eso es falso.
En primer lugar porque el vaciamiento de las instituciones republicanas comenzó mucho antes del golpe de 1973. También porque oculta el carácter de clase de la dictadura, el proyecto económico y social que intentó instrumentar, a quién beneficio y qué papel le otorgaba a Uruguay en el mundo. La dictadura fue producto de la necesidad de imponer un ajuste brutal para asegurar la recuperación de la tasa de ganancia del capital. Y también el intento de cortar de raíz el proceso de acumulación de fuerzas popular, social y político, que alumbraba una perspectiva de emancipación social.

Publicidad oficial por el SI en el Plebistico Constitucional de 1980

Durante la dictadura se beneficiaron los grandes grupos económicos nacionales, la banca (extranjerizada en un porcentaje importante) y los grupos trasnacionales, particularmente norteamericanos, que aumentaron su presencia en el país. Y fueron perjudicados, materialmente, los trabajadores, los jubilados; los pequeños productores y los pequeños industriales. Se produjo una brutal concentración del ingreso, hasta 1980 el salario real cayó un 50% con respecto a 1971. Entre 1979 y 1981 hubo una transferencia desde los trabajadores hacia el capital de 3.700 millones de dólares. Y también un gigantesco proceso de endeudamiento interno y externo que luego fue licuado.
A ello hay que agregar que la dictadura fue parte del plan continental del imperialismo yanqui para asegurar su hegemonía. La caracterización de la dictadura como fascista no es solamente por la aplicación sistemática del Terrorismo de Estado, es porque respondió a una estrategia de acumulación capitalista concreta, vinculada estrechamente al capital financiero nacional y trasnacional y, también, como decíamos, porque fue parte de una estrategia imperialista de EEUU.

Boletín de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas en 1980


Luego del golpe, la disolución del Parlamento, la ilegalización de las organizaciones de izquierda, los sindicatos y las organizaciones estudiantiles y la proscripción de los partidos tradicionales, la dictadura creó el Consejo de Estado, un remedo de Poder Legislativo. La dictadura generó una institucionalidad y buscó perpetuarla hacia el futuro, lo hizo primero a través de las denominadas Actas Institucionales y luego con un Cronograma, del cual formaba parte la aprobación de una nueva Constitución. En el Acta Institucional 2 del 12 de junio de 1976 se creó el Consejo Nacional de Gobierno integrado por el Consejo de Estado, que componían 25 civiles designados y la Junta de Oficiales Generales, integrada por 24 oficiales generales designados por las FFAA. Esta misma Acta Institucional 2 estableció que se promovería una nueva Constitución elaborada por una Asamblea Constituyente que estaría conformada por el Consejo Nacional de Gobierno y el Poder Ejecutivo en pleno. La filosofía a impulsar con la nueva Constitución se menciona en el Acta Institucional 8 y no deja lugar a dudas: “procura precaver el caos que la sedición y el terrorismo desencadenaron, impelidos por el marxismo-leninismo que es la fuerza internacional que persiste en su conocidos afanes de conquista”. La dictadura, como dijo Gabriel García Márquez en un célebre artículo que analizaba el plebiscito de 1980, se creyó su propio cuento y se sintió con fuerza para imponer su proyecto de país. En 1979, el Teniente General Luis Vicente Queirolo, comandante en Jefe del Ejército, respondió a los reclamos de algunos sectores blancos y colorados que pedían que se levantaran las proscripciones: “Se equivocan con los reclamos, a los vencedores no se le ponen condiciones”. En el proyecto de Constitución presentado a fines de octubre para ser plebiscitado en noviembre se mantenían las proscripciones a más de 70 mil dirigentes y militantes políticos por 15 años. El proyecto constitucional establecía partidos a la medida y sin la izquierda, movimiento sindical controlado por la policía, el Consejo de Seguridad Nacional y la Junta de Comandantes con poderes políticos clave, la justicia y la enseñanza sin autonomía. Era el fascismo institucionalizado.

Cnel. Néstor Bolentini durante el debate televisivo previo al Plebiscito de 1980.


-¿Cómo se construyó el NO? En el triunfo del NO se conjugaron varios factores. Una amplitud política y social enorme, hasta entonces nunca lograda. Impulsaron el NO sectores muy importantes del Partido Colorado, particularmente el Batllismo; del Partido Nacional, el Wilsonismo e incluso algunas personalidades herreristas; todo el Frente Amplio, que fue el único partido que íntegramente llamó a votar NO; el movimiento popular clandestino, la CNT, la FEUU, FUCVAM; organizaciones de productores; vastos sectores de la cultura y una amplia campaña internacional desde el exilio. También medios de comunicación como CX 30, con Germán Araújo, que jugó un papel enorme; la revista La Plaza y, al final, el semanario Opinar. Del lado del SI estuvieron los militares y civiles fascistas, el pachequismo y sectores de derecha del Partido Colorado; la mayoría del Herrerismo; los sectores empresariales beneficiados por la política económica y la inmensa mayoría de los medios de comunicación.

Sin la amplitud señalada, el triunfo no hubiera sido posible. Pero hay que hablar del papel inmenso de la resistencia popular. La defensa del 1º de Mayo, que en 1980 la dictadura quiso cambiar de fecha para el 5 de mayo, con paros, movilizaciones y mucha lucha, y con un costo enorme de presos y despidos. Las firmas contra el examen de ingreso en la Universidad. La propaganda popular que se hacía clandestina y explotaba en los muros, en decenas de miles de volantes repartidos mano a mano o arrojados en las veredas.


Y sin sombra de sectarismo, pero siendo fieles a la verdad histórica, hay que destacar el rol de las y los comunistas, organizados en la clandestinidad y en la cárcel, a pesar de los golpes de la represión. Hablar de José Pacella que encabezó la resistencia clandestina y desde allí la campaña por el NO. Y de los miles de hombres y mujeres que arriesgaron su vida por la libertad. Y también hay que hablar del alto precio que se pagó por ese compromiso. Con cientos de presos y presas entre 1981 y 1982 y tres desaparecidos: Félix Ortiz, Omar Paitta y Miguel Mato.
Recordar el NO de 1980 es homenajear al pueblo uruguayo, verdadero protagonista de esa gesta, a su valentía, a su coraje, a su profunda convicción democrática, a su amor por la libertad.


ODONTOLOGIA INTEGRAL DRA. EMMILY LONG

           



La Revista Uruguaya de Ciencia Política, publicó en el año 2009 un estudio al cual recurrió Reportes Uy. Dicho trabajo analiza el proceso de transición surgido a partir del triunfo del no en el Plebiscito de 1980. El mismo señala que tras el plebiscito constitucional, los actores se reposicionaron en el escenario político manifestando rápidamente sus estrategias y aspiraciones. En Uruguay, esa etapa se extiende hasta finales de 1982, cuando se realizan las elecciones internas de los partidos habilitados por el régimen.

A partir de 1983, se inicia una segunda etapa que perdura hasta el efectivo cambio de régimen. Al interior del gobierno militar uruguayo, las consecuencias de la derrota de noviembre de 1980 se hicieron sentir en los primeros meses del año siguiente. Según Gillespie, se desató “una lucha por el poder entre los militares que querían continuar la redemocratización, en base a los “interlocutores válidos” de los partidos tradicionales, y los que pensaban que la democracia tenía que quedar fuera del cronograma” (1995:98). En ese momento, el Ejército se constituyó en la “columna vertebral” del gobierno, dada la desilusión de la Marina con la orientación asumida y la división creciente al interior de la Fuerza Aérea. Dichos conflictos inducen un cambio -aunque sin demasiada publicidad- al interior de la Junta de Oficiales Generales, que más tarde deviene en la designación del Tte. Gral. Gregorio Álvarez como el primer presidente militar del régimen.

El bloqueo a todo posible intento fundacional que supuso la derrota en las urnas, implicó la definición de un nuevo cronograma político, en un momento que parecía favorecer la reactivación partidaria. Conscientes del rol central que desempeñaban los partidos en la sociedad, los Coroneles Bolentini y Carreras Hughes, ambos consejeros de Estado, lanzaron la idea de formar un “partido político del proceso”, integrado por figuras disidentes de los partidos tradicionales dispuestas a promover la candidatura presidencial de Gregorio Álvarez en las elecciones nacionales de 1984. Sin embargo, esta idea no tuvo buena recepción al interior del régimen, pues rápidamente se hicieron públicas las diferentes visiones que poseían los principales actores respecto al papel diferenciado de los partidos y las Fuerzas Armadas.

En esos años, Uruguay debió soportar una fuerte crisis económica identificada por la literatura como “crisis de la deuda”. La caída pronunciada de las reservas internacionales provocó una devaluación próxima al 50% , a lo que se sumó la restricción internacional para la obtención de créditos. Los desastrosos resultados y la demanda social pusieron en tela de juicio la viabilidad de los modelos económicos aplicados, aunque ello no significó el descarte de sus postulados básicos por parte de los gobiernos.

En amarillo departamentos en los que ganó el NO y el celeste los que ganó el SI

La pronta realización de elecciones internas en los partidos, contribuyó a canalizar el descontento social en términos políticos. En Uruguay, luego del rechazo al proyecto constitucional, los partidos políticos aumentaron su nivel de actividad. La prensa de oposición creció en número e intensidad, haciendo públicas las críticas al régimen. También se aceleraron los contactos intra e interpartidarios con el objetivo de recomponer la organización y funcionamiento. Para ese momento, el Partido Colorado presentaba una mayor cohesión interna que el Partido Nacional, pues esta colectividad se encontraba dividida y con su principal líder en el exilio. La izquierda continuaba aún más dispersa, fragmentada y excluida de toda posible negociación con el régimen.

La reconfiguración partidaria se desarrolló en ámbitos semi-clandestinos, debido a la represión selectiva desarrollada por el régimen. La actividad política de los años inmediatos al plebiscito fue de carácter esencialmente cupular, siendo difícil la relación de los dirigentes con sus bases y con los actores sociales. Por razones éticas y políticas, resultaba inexistente e inaceptable la vinculación o negociación con el gobierno autoritario.

Video que regista imágenes de la votación el 30 de noviembre 1980.

La relación partidos – gobierno autoritario, transitó en Uruguay un camino muy diferente, producto de la dinámica desatada por el plebiscito constitucional. En setiembre de 1981, los militares, por intermedio de la Comisión de Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas (COMASPO), convocaron a los partidos tradicionales para negociar el Estatuto de los Partidos. Tras diferentes propuestas presentadas por los sectores partidarios, todos coincidieron en torno a la necesidad de restaurar la vida partidaria y la entrada en vigencia de los derechos de reunión y libertad de expresión. Tras complicadas negociaciones, el régimen aprobó en diciembre de 1981 el “cronograma” de transición y el proyecto de Ley de Partidos. Mediante dicho texto, se fijaban las elecciones internas para el último domingo de noviembre de 1982 y se restauraba el doble voto simultáneo –pese a que los militares lo habían criticado duramente-. La ley mantenía proscripto a un número importante de dirigentes políticos de los partidos tradicionales, como también a todos los sectores y partidos de izquierda. No obstante, esta medida, contraria a todo pluralismo político, dejó abierta la posibilidad de que la Democracia Cristiana y el Socialismo Democrático pudieran funcionar como tales, previo reconocimiento de la Corte Electoral.

Fuentes: El Popular / Revista Uruguaya de Ciencia Política