DIARIO DE SESIONES DE LA CAMARA DE SENADORES 1973,el Parlamento publicó actas originales de las sesiones del Senado previas al Golpe de Estado de los Militares

REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY
DIARIO DE SESIONES
DE LA
CAMARA DE SENADORES
SEGUNDO PERIODO ORDINARIO DE LA X U LEGISLATURA
30a SESION ORDINARIA-EXTRAORDINARIA
PRESIDEN: DON JORGE SAPELLI
(PRESIDENTE)
Y EL SEÑOR SENADOR DON EDUARDO PAZ AGUERRE
(ler. VICEPRESIDENTE)
ACTUAN EN SECRETARIA EL TITULAR DON MARIO FARACHIO Y EL PROSECRETARIO DOCTOR MANUEL
MARIA DE LA BANDERA
SUMARIO
—Texto de la citación. (1)
—Asistencia. (2)
—Solicitad de sesión. (3)
—La formulan varios señores senadores para consi
derar los asuntos que en el .mismo pedido se men
cionan. . .
‘ —Se resuelve realizar sesión. (6)
—Asuntos entrados. (4)
—Ucencia. (S)
—La solicita el señor senador doctor Washington Belttyn, por él’ténnlno dé 40 dias.
—Concedida. (7)
—integración del Cuerpo. (8)
—El señor senador Zorrilla de San Martin solicita que
se Invite a pasar a Sala al señor Francisco Jaso Anchorena, suplente del señor senador Beltrán.
—Presta el juramento de estilo el señor Jaso Anchorena y el señor Presidente lo declara incorporado al
Cuerpo.
—Comisión Investigadora para examinar y estudiar los
hechos relacionados con los documentos presentados
al Senado sobre torturas aplicadas a diversos ciuda
danos en la Unidad Militar con asiento en la Ciudad
de Paysandú. (9)
—Designación.
—Moción del señor senador Paz Aguirre en nombre del
sector.
—Intervención de varios señores senadores.
—Se vota afirmativamente.
—Manifestaciones del señor senador Rodríguez. (11)
—Llamado a Sala al señor Ministro de Defensa Natio
nal para que Inform e sobré aplicación de la Ley Or
gánica M ilitar y alcance constitucional y legal de la
Circular N? 1 de fecha 22 de enero del corriente
año. (Id)
—Moción presentada por el señor senador Vasconcellos en la sesión del 6 de junio próximo pasado.
—La Mesa inform a que la interpelación fue fijada pa
ra el próximo martes 3 dé julio.
(Ver: 259 Sesión).
—Acto cívico realizado en la Plaza Constitución. (12)
—Planteamiento del señor senador Ferreira Aldunate.
Solicita que sus palabras pasen a los Ministerios del
Interior y Defensa Nacional.
—Así se resuelve.
—Reglamento del Senado. (13)
—Reform a.
—El señor senador Caputi solicita que el proyecto
estructurado por la Comisión de Asuntos Administra
tivos Integrada, se considere en una sesión extraor
dinaria a realizarse el jueves 5 de julio próximo.
—Se vota afirmativamente. (14)
266—c. a OAMARA DE SENADORES 26 de ju n io de 1073
—Extracción de restos de naufragios que afectan, la na
vegación. (14)
—Moción del señor senador Ferreira Aldunate para
que el proyecto de ley relacionado con el tema, se in
cluya en la orden del día de la sesión extraordinaria
propuesta por el señor senador Caputl.
—Se vota afirmativamente.
—Ancap. (15)
—Exposición del señor senador Pereyra referente a
algunos aspectos relacionados con la política seguida
por ese organismo.
—Se levanta la sesión por falta de quorum. (16)
— (Es la hora 20 y 29 minutos.)
1
(Texto de la Citación:)
“Montevideo, 25 de junio de 1973.
La cám ara de Senadores se reunirá en sesión extra
ordinaria, mañana martes 26, a las 17 ,y 30 horas, a pe
dido de va.ios señores senadores que la solicitan, a fin de
informarse de los asuntos entrados y considerar la si
guiente:
ORDEN DEL DIA
1? Exposición del señor senador don Carlos Julio Perey
ra, referente a . “algunos aspectos de la política de
Ancap”. *
Primera discusión general y particular de los siguien
tes proyectos de ley por los que:
2? Se aprueba el Convenio de Colaboración y Coopera
ción en el dominio de la Enseñanza, con la República
Socialista de Rumania. (Carp. 985/968. Reps. 149 y
149 bls/972)
39 se aprueba el “Acuerdo sobre Turismo” entre Uru
guay y España. (Carp. 1947/971. Rep. 302/973)
49 Se aprueba el “Tratado de Extradición” entre el Es
tado de Israel y la República Oriental del Uruguay.
(Carp. 1150/989. Reps. 309, 278, 807, 310, 311 y 312/973)
59 Primera discusión general y particular del proyecto de
resolución que autoriza el pase en com isión de un
funcionario adscripto a la Vigilancia en el Presupuesto
de la Comisión Administrativa del Poder Legislativo,
a la Lecwion Contaoilidad de dicha Comisión. (Carp.
•670. Rep. 352)
Primera discusión general y particular de los sigúieiítes proyectos de decreto por los qué se concede:
69 venia al Poder Ejecutivo para destituir.
a) Oficial 2do. de la Dirección General de Institutos
Penales. (El plazo constitucional vence el 26 de
. junio de 1973). (Carp. 633. Rep. 285)
b) Sobrestante de Ira., presupuestado, del Instituto
Nacional de Viviendas Económicas. (El plazo
constitucional vence el 5 de julio de 1973).
(Carp. 652. Rep. 198)
c) Medio Oficial Taller, presupuestado, de la Admi
nistración de las Obras Sanitarias del Estado.
(El plazo constitucional vence el 5 de julio de
1973). (Carp. 653. Rep. 197)
ch) Funcionarlo de la Dirección General de Teleco
municaciones. (El plazo constitucional vence el
12 de julio de 1973). (Carp. 242/972. Rep. 199/973)
LOS SECRETARIOS”.
2
Asisten, los señores senadores Barbot Peo, Capeche» Caputi, Can-ere Sapriza, Carresse, Costanzo, Ferreira Al
dunate, Grauert, Hierro Gambardella, Jaso Anchorena,
Judo, Mederos, Mlchelini, Montaner, Ortiz, Paz Aguirre,
Pereyra, Plá Rodríguez, Rodríguez jCamusso, Rodríguez,
San toro, Vasconcellos, Vas, Zabalza, y Zorrilla de San
Martin.
Faltan:
Con licencia, los señores senadores Beltrán, Heber,
Rath y Terra.
Sin aviso, los señores senadores Echegoyen, Erro, Ma chado Brum y Singer.
3
SEÑOR PRESIDENTE. — Está abierto el acto.
(Es la hora 17 y 48 minutos.)
—Dese cuenta de una solicitud de sesión.
(Se da de la siguiente:)
Varios señores senadores solicitan se cite al Cuerpo
para el día de hoy, a fin de considerar los asuntos que
en el mismo pedido se m encionan. t
Incorpórese a la versión taquigráfica.
(Texto de la solicitud:)
“Montevideo, 21 de junio de 1973.
Señor Presidente del Senado,
Don Jorge Sapelli.
Presepte.
Los senadores que suscriben solicitan se sirva citar
al Cuerpo para el día 26 de los corrientes, a efectos de
considerar los asuntos que figuran en la orden del día
N? 36.
Sin otro motivo, • saludan, a usted m uy atentamente.
Alembert Vaz. Carlos Julio Pereyra. Américo Plá Ro
dríguez. A. Francisco Rodrigues Camueso. Sena
dores” .
Oportunamente se votará.
4
—Dese cuenta de los asuntos entrados.
(Se da de los siguientes.)
La Presidencia de la Asamblea General remite notas
del Tribunal de Cuentas, por las que pone en conocí-
26 de ju n io de 1973 CAMARA DE SENADORES O. S.—267
miento de las actuaciones cumplidas, con motivo de las
denuncias formuladas en la Intendencia Municipal dé Co
lonia. (Carp. 738)
Repártale.
El, Poder Ejecutivo remite los siguientes Mensajes:
Por el que solicita venia para conferir los ascensos al
grado de Coronel en el Ejército, con fecha 19 de febrero
de 1973 a diversos Teniente.Coroneles de las Armas de
infantería, Artillería, Caballería e Ingenieros. (Carp. 748) A la Comisión de Defensa Nacional.
Y por el que solicita venia para exonerar de su car
go a un Auxiliar de Servido del Hospital Pastear.
(Carp. 746) A la Comisión de Asuntos Administrativo».
La Suprema Corte de Justicia remite un Mensaje por
el que se designa a los funcionarios que deben actual y
las disposiciones a cumplir durante la Perla Judicial Me
nor del próximo mes de julio.
Téngase presente.
El Ministerio de Salud Pública remite los Informes so
licitados por el sefior senador Dr. Justino Carrere Saprlza,
referentes a la posibilidad de clausura del Servido de
Urología “Dr. Noguiera” del Hospital Ferelra Rossell.
A disposición del señor senador-Dr. Justino Gañere
Saprlza.
El ‘Ministerio de Economía y Finanzas remite los In
formes solicitados:
Por el señor senador Dr. Alembert Vaz, sobre Bancos
privados que han solicitado asistencia financiera ordina
ria y extraordinaria al Banco Central del Uruguay.
A disposición del señor senador Dr. Alembert Taz.
Y por el señor senador Zelmar Michellni sobre dife
rencia de sueldos entre Militares en actividad y retirados.
El Ministerio de Defensa Nacional remite los informes
solicitados;
Por el señor senador Zelmar Michellni, sobre diversos
detenidos por las Fuerzas Conjuntas. A disposición del señor senador Zelmar MichelinL
Por el señor senador Enrique Erro, sobre la detenida
señorita’ Nilda Echarte.
A disposición del señor senador Enrique Erro.
Y por los señores senadores Michellni y Erro, sobre
los detenidos señor Huga Viviano y Sra..
A disposición de los señores senadores Zelmar M iche- lini y Enrique Er o .
El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social acusa re
cibo de los informes solicitados por .él’señor senador Esc.
Dardo Ortlz, referentes a la aplicación de. las normas le
gales vigentes relativas a la movilidad de las pasivida
des.1
A disposición del señor senador Eso. Dardo Ortlz.
El Poder Ejecutivo comunica la sanción de las leyes
por las que se otorgan pensiones graciables a diversos
descendientes del General José Gervasio Artigas. (Carp.
717-18)
Archívense.
Los señores senadores Grauert, Hierro Gambardella,
Paz Agulrre, Machado Brum y Costanzo, formulan m o
ción para que se designe una Comisión Investigadora que
examine y estudie los malos tratos recibidos por varios
procesados en la Unidad Militar con asiento en Paysandú. (Carp. 742)
5
El señor senador don Washington Beltrán solicita li
cencia por el término de 40 días.
—Léase.
(Se lee:)
“Montevideo, 25 de junio de 1973. Señor. Presidente
de la Cámara de Senadores don Jorge Sapelli. Presente.
Señor Presidente: He sido invitado oficialm ente p or varios.
gobiernos para visitar sus respectivos países. En razón de
ello solicito se me conceda licencia por el término de 40
dias A partir de la fecha. Sin otro particular, saludo a
usted muy atentamente. Washington Beltrán. Senador” .
Oportunamente se resolverá.
6
Tratándose de una sesión extraordinaria, se va a vo
tar si el Senado desea realizar sesión: –

  • Los señores senadores por la afirm ativa,’sírvanse In dicarlo.
    (Se vota;)
    —17 en 17. Afirmativa. UNANIMIDAD.
    Está abierta la sesión.
    7
    En consideración la Ucencia solicitada por el señor
    senador Beltrán.
    SEÑOR PAZ AGUIRRE. — ¿Me permite, señor Pre
    sidente? . –
    SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el sefior
    senador Faz Agulrre.
    SEÑOR PAZ AGUIRRE. — Séñor Presidente: tratán
    dose de úna invitación de gobiernos correspondientes a
    países con los cuales el nuestro mantiene relaciones di
    plomáticas normales, yo creo que seria del caso, al votar
    la licencia soUcltada, otorgarle carácter oficial.
    SEÑOR PRESIDENTE. — La Ucencia justamente se
    otorga porque el viaje tiene carácter oficialSe va a votar.
    Los señores senadores por la afirmativa, sírvanse in dicarlo.
    (Se vota:)
    —16 en 19. Afirmativa.
    8
    SEÑOR ZORRILLA DE SAN MARTIN. — ¿Me permi
    te, señor Presidente?
    SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor
    senador.
    SEÑOR ZORRILLA! d e san MARTIN.” — Encontrán
    dose en antesala el suplente del señor senador Beltrán,
    sefior Francisco Jaso Anchorena, solicitaría, señor Presi
    dente, que se le invitara a pasar a Sala.
    SEÑOR PRESIDENTE. — Así se hará, señor-senador.









268—0 . S. CAMARA*’DE SENADORES 26 de junio de 1973′ SEÑOR ZABALZA. — ¿Me permite, .señor Presidente? SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor senador. SEÑOR ZABALZA. — Señor Presidente: pediría a la Mesa qué aclarara si este viaje del señor senador Beltrán se realizará con o sin viáticos. Tengo entendido que el se ñor Beltrán solicitó que fuera sin viáticos. SEÑOR PRESIDENTE. — El señor senador Beltrán solicitó que no se le otorgaran viáticos. La Mesa desea aclarar que el problema del viático está a consideración del Senado, figurando en la orden del dfa. Fue aprobado por la Comisión de Presupuesto; pero el Senado aún no se ha expedido. (Entra a Sala el señor Francisco Jaso Anchorena.) SEÑOR PRESIDENTE. — Se va a proceder a tomar ~ el Juramento de estilo ál señor Francisco Jaso Anchorena, suplente del señor senador Beltrán. ¿Juráis desempeñar debidamente el cargo de senador y obrar en todo conform e a la Constitución de la Re pública? SEÑOR JASO ANCHORENA. — S i, ju ro. SEÑOR PRESIDENTE. — ¿Juráis guardar secreto en todos los casos en que sea ordenado por Vuestra Cámara . o por la Asamblea General? SEÑOR JASO ANCHORENA. — Sí, juro. 9 SEÑOR PAZ AGUIRRE. — ¿Me permite, señor Pre sidente? SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor senador. SEÑOR PAZ AGUIRRE. — Señor Presidente: nues tro sector ha hecho llegar á la Mesa un pedido de de signación de una Comisión Investigadora. Solicito que se de lectura al mismo. Léase. (Se lee:) “Montevideo, 22 de junio de 1978. Señor Presidente de la- Cámara de Senadores, Don Jorge SapellL De nuestra consideración. De acuerdo con las disposiciones constitucionales y re glamentarlas, .venim os a solicitar la designación de una Comisión investigadora que examine y estudie los he chos relacionados con los documentos presentados en el Senado en la sesión de fecha 20 del corriente, referentes a torturas aplicadas en el Cuartel de Paysandú a diversos ciudadanos, asi com o todos los sucesos que determinaron esas circunstancias denunciadas en dicho documento. Saludan al señor Presidente muy atentamente. Héctor A. Grauert. Luis Hierro Gambardella. Eduar do Paz Aguirre. Guido Machado Brumj y Nelson Costanzo. Senadores” . SEÑOR PRESIDENTE. — En consideración la mo ción presentada. SEÑOR CAPÜTI. — ¿Me permite, señor Presidente? SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor senador. SEÑOR CAPUTI. — Entiendo, señor Presidenta que lo que se propone es la creación de una Comisión Inves tigadora . Quiera consultar al Cuerpo para ver si es posible que se decida que este asunto se estudie por una ‘Com isión que ya existe para Investigar persecuciones y demás de litos; ya que la misma fue integrada para estudiar asun tos del mismo carácter. No sé si los señores senadores modonantes estarían de acuerdo en que esa misma Comisión que hace dos .O tres meses no, trabaja en los temas que tiene en sus car petas, sea la que tome intervención en el problema que ha planteado el sector de Unidad y Reforma. SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — ¿Ale permite, señor Presidente? SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor senador. SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — Lamentable mente, no podemos acceder al pedido que formula él se ñor senador Caputi. No deseamos acceder, sin que esto se entienda com o un acto de poca cortesía’ hacia un jccfljBafiero del Cuerpo, sino porque tenemos la visión’desque aquella Comisión tenia un conjunto de temas mqy difu sos para estudiar. Nosotros, en cambio, proponemos que se estudie tjh caso concreto circunscripto a las denuncias conocidas ( a el Senado a raíz de una Intervención del señor senador Vasconcelos y a través de los documentos repartidos d a ‘ el Senado. Repito, se trata de un episodio muy concreto que, ade más, por las circunstancias mismas que en él se apuntan, reclama un pronunciamiento extremadamente urgente de la Comisión y también del Cuerpo. En función de eso, señor Presidente, nosotros man tenemos nuestra proposición. SEÑOR RODRIGUEZ CAMUSSO. — Señor Presiden te: vamos, naturalmente, a acompañar el propósito que anima la m oción formulada. El documento repartido Al Cuerpo por m oción del señor senador Vasconcellos, ha tesultado verdaderamente im inctante; pero, por supuesta por lo menos para nosotros, no renovador ni sorpresivo’. Hace largo tiempo que denuncias de esta naturalcsa están siendo reiteradamente formuladas de modo muy concreto, espfecial, firme y con profuso^ antecedentes, por diversos .señores senadores. Naturalmente, nosotros estanios dispuestos a acompa ñar la m oción en cuanto hace’ referencia con’ actuaciones concretas vinculadas a personas determinadas. Aspiraríamos, sin embargo, a que ello no excluye! la posibilidad de que esta Comisión, inmediatamente ÜC5 pués de la investigación específicamente referida a las denuncias contenidas en el documento repartido estos días, pudiera am pliar sus cometidos con relación a lfas tortu ras denunciadas concretamente, en diversas oportunida des, por los distintos señores senadores. Nuestra reacción de indignación y emoción se opera contra la tortura en si, contra el procedimiento en si sin importar fundamentalmente, a estos efectos, la calidat- de la persona torturada ni el delito de que es acusada. Por tanto, no vamos a referirnos ahora ni a histo riar en este momento —no es la oportunidad— toda la larga batalla que se ha venido librando en esta materidi inclusive ante situaciones que deteiminaron la m uefte dc personas torturadas en términos, con respecto a los cUales, el Parlamento reclamó investigaciones largo tiempo atrás, de las que no se ha tenido, después, ninguna «no ticia. 26 de junio de 1973 CAMARA DE SENADORES Estas son las puntualizaciones y salvedades que noso tros queremos formular a la m odon con cuyo contenido esencial estamos de acuerdo; pero, no limitándola, exclu sivamente, a los elementos que se plantean en el repar tido que se ha hecho. Respetando el deseo de designar una Comisión Espe cial a estos efectos admitiendo que deba dar prelación a las actuaciones referidas concretamente a los detraídos de. Paysandú, subrayamos que la tortura en el país es mucho más general. Está documentado y ha sido objeto de reiteradas y permanentes denuncias y debe ser Inves tigado él asunto por su carácter repugnante y atroz que se aplique a quien se aplique Invocando 01 pretexto que se Invoque. < Solidarios en esta oportunidad, somos plenamente, co nel planteamiento efectuado en estas circunstancias. Reclamamos Idéntica consideración y tratam iento para las denuncias de torturas que con plena responsabilidad de denunciante, los senadores hayan Ido planteando en distintas oportunidades en el seno del Cuerpo. SEÑOR PLA RODRIGUEZ. — ¿Me permite, señor Pre sidente? SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor séñador. SEÑOR PLA RODRIGUEZ. — Señor Presidente: va mos a apoyar la posición que acaba de exponer él señor senador Rodríguez Camusso. Quisiera recordar, en. esta oportunidad, una frase de Slmone de Beauvoir en el prólogo de un libro llamado, justamente, “El proceso de la tortura’*. En ella se dice: “Lo excepcional en el caso Bonpadía, no son los hechos. Lo excepcional es que hayan sido puestea en descubierto”. Creo que esto se aplica perfectamente a este caso de Paysandú, que aquí acaba de ser puesto de manifiesto por medio del repartido efectuado. No es, lamentablemente, excepcional la tortura en es te país y en este momento, sino que lo excepcional es que se hayan configurado este conjunto de antecedentes, y Comprobaciones que hacen absolutamente indiscurrlble la existencia de ella en casos concretos. Entiendo que este caso ilustra y sirve como compro bación y corroboración de una convicción que todos te níamos desde hace largo tiempo atrás sobre una lamen table realidad que, desgraciadamente, por diversas cir cunstancias, no ha podido ser erradicada de este pala. Es sabido que la prueba de -la tortura es muy difícil. Y lo es, no sólo porque m uchas. veces, se hace —casi siempre— ei% una situación en que prácticamente no hay testigos, ya que simplemente existe la presencia del tor turado y de los torturadores, sino, también, porque gene ralmente el que recibe el castigo es el que primero soli cita que no se difunda y que la denuncia no se formulé. Queda con un terror muy grande; más. que miedo, queda con espanto de que se pueda volver a repetir las situa ciones que ha tenido que vivir. En la mayoría, de los ca sos, lo que formula son confidencias pero no denuncias. Sin embargo, a lo largo de este proceso, han Ido apa reciendo algunos casos de absoluta com probación. Para nosotros, es singularmente doloroso recordar que quizá el primer caso qué haya quedado absolutamente corrobora do haya sido el de Luis Carlos Batalla, obrero humilde de la construcción de Treinta y Tres que tuvo que pagar con su vida el servicio de fidelidad a la verdad que prestó al país. Con su vida humilde y con su muerte heroica se convirtió en un símbolo de lo que no debe hacerse. No debe torturarse a los seres humanos cualquiera sea su po sición y las discrepancias que se puedan tener con ellos. Juntamente con el suceso Batalla, hubo otros casos. El famoso de los cuatro médicos, el del doctor Bonilla úl timamente el de Fernández Mendieta. Desde esta misma banca se denunció y tenemos pruebas suficientes para demostrar con plenitud, de que la muerte de este Joven peón rural se debió también a la tortura. A nosotros no nos preocupa el color político de la persona torturada, ni su Ideología y tampoco su conduc ta, porque lo que nos preocupa es que se trata de un ser humano y cualquiera que sea su ideología, su comporta miento, su actitud o su responsabilidad, ese ser humano, como tal, no puede ser torturado. Para nosotros es algo que está en la esencia misma de nuestras convicciones democráticas, porque si la convicción democrática vale por algo es por el respeto del ser humano. El ser humano al que traem os que respetar, no es sólo al-am lgo, al co rreligionario o a la persona que piensa como nosotros, sino al que llamamos nuestro enemigo, al que piensa y .actúa distinto. Esa persona no puede ser torturada, por que es, también, un ser humano. No valida la tortura el problema de su eficacia. No alcanza para justificarla que se pueda decir que a través de ella se descubren muchas cosas, porque hay algo más importante que esto, que es el valor de la justicia y, en definitiva, el valor de la verdad. Un caso reciente produ cido en otro ámbito revela claramente como la tortura lleva a la injusticia, porque empieza por defraudar y trai cionar a la verdad. Y en cute caso que a todos nos há conmovido, del crim en de Shangrilá, heinos visto como la tortura sirve para desvirtuar la ftm clón de la justicia, -para negar la verdad. Aunque pudiera ser eficaz en el sentido práctico y rastrero, basta que la tortura justifique u origine una Injusticia para que neutralice toda la even tual eficacia que pudiera tener. Creemos que hay algo más profundo que esto y es el sentido de la dignidad del ser humano, que nos obliga a todos nosotros a respetarnos, cualquiera sea la posición política y la responsabilidad que pudiera tener en otro orden cada uno de los seres humanos. Por eso es que no nos satisface la solución propuesta por la Bancada de Uhldad y Reforma en el sentido de limitar la investiga ción al problema de los torturados en Paysandú. Yo sé que hay- una motivación de orden práctico relacionada con la rapidez de la tarea de la Comisión y en ese sen tido j o participo- de la posición que ya adelantó él se ñor senador Hierro Gambardella, de nombrar una Comi sión Especial, al margen de la que pudiera existir antes. Pero creo que no puede limitarse, porque al hacerlo pa recería que hiciéramos discriminación en las torturas y las torturas son malas por si mismas, al margen de las personas a quienes se les aplique. Por eso es que yo pro pondría en él mismo orden de Ideas que acaba de suge rir el señor senador Rodríguez Camusso, que se nombre la Comisión Especial para investigar los sucesos de Pay sandú denunciados en Sala y todos aqqellos que se de-* nuncien en un plazo de 8 dias por los señores senadores. En esa forma se concreta.el trabajo de la Comisión a aquéllos casos en que haya una denuncia concreta, con la reponsabilldad de un senador para* que determine la existencia de la prueba de las torturas. No basta la con vicción sino que, además, es necesario para que pueda producirse la Investigación, un conjunto de pruebas sufi cientemente serlas com o para justificar la formulación de las denuncias. En ese sentido sugiero a los señores sena dores de la Lista .15 la posibilidad de formular’ esa amr pliadón en .cuanto-a. la m oción primitiva. Quisiera terminar leyendo una brevísima página de un autor español, Juan Antonio Carrillo Salcedo que en una revista española actual, pero que honra el pensamiento humano llamada “Cuadernos para el diálogo”, se plan tea esta frase: “La tortura, ¿una necesidad?” Y expresa: “Resulta triste y sórdido que, en los últimos tiem pos, tres países occidentales se hayan visto acusados de haber recurrido a la tortura: el Reino Unido de Gran Bretaña en Irlanda del Norte, los Estados Unidos en Vietnam, Francia en Argelia. Respecto de este último caso, el cine y los libros han reactualizado en estos días un problema que, desgracia damente muchos creyeron ya superado y olvidado. Y así, el General Massu, en su reciente libro «La vrai bataille d’Alger», ha sostenido una tesis tan peligrosa como erró nea, al decir que en la guerra subversiva, respecto de la 270—C. a CAMARA DE SENADORES 26 de ju n io de 1973 que es esencial el mantenimiento del orden y el obtener inform ación del enemigo, la tortura es una necesidad, un m al imposible de evitar. Afortunadamente, un soldado francés, el General Pa rts de Rollardiére, que en su día expresó públicamente su repulsa a los métodos preconizados y aplicados por su Jefe,-el General Massu, lia salido resueltamente al paso de una tesis que, por lo que tiene de insidiosa al apelar a argumentos tan fáciles como la necesidad y la imposi bilidad de evitar la tortura, podía atraer a muchos. Los hombres que se oponen a la tortura, ha dicho el General de Bollardiére, no son ni unos cándidos ingenuos, ni unos nidos. El problema, ha insistido, «no es saber si, en de terminados momentos, los hombres tienen o no el ins tinto de vengarse, de devolver ojo por ojo y diente por diente, llegando a practicar la tortura. La verdadera cues tión e3 saber si -el mando civil o militar debe tolerar ta les prácticas, si no se deshonra cuando se institucionali zan». En una situación en la que la violencia ha resurgi do con resonancias míticas ,y místicas, nos parece esencial meditar sobre las palabras del General de Bollardiére, un soldado de quien su antiguo jefe ha escrito que «su buena fe se ha visto sorprendida por subordinados politizados, que han especulado sobre su caridad cristiana». Ni especu- ~ lación ni sorpresa, sino plena conciencia de sus deberes de cristiano’y de soldado .por parte del General de Bollar diére, en una época en la que es más urgente que nunca reafirm ar las exigencias del Derecho internacional hu manitario bélico, los imperativos de la protección de los derechos fundamentales de la persona humana, incluso en situaciones de conflicto armado, así com o las obliga ciones jurídicas impuestas por las leyes de guerra. Toma de conciencia que nos parece esencial porque la tortura ni es útil a la larga ni puede recibir justificación alguna: degrada y deshonra al que la práctica y enaltece a quién la padece en lugar de exterminarlo. Ni siquiera en la efectividad o en la necesidad puede encontrar ex plicación, ni mucho menos, justificación, algo tan profundaménte inmoral e inhum ano”. Solidario con estas palabras, pienso que la responsa bilidad del mantenimiento de esta situación no h a estado en el Parlamento que, reiteradamente, a través de diver sas voces e incluso del pronunciamiento colectivo de al guno de sus Cuerpos, ha denunciado la existencia de tor turas y ha pedido la responsablllzación de aquéllos que las practican. Creo que ha sido una responsabilidad del Po der Ejecutivo el haberla mantenido y en ese sentido creo que va a quedar como un documento de esta época aquel diálogo producido entre los obispos y el Presidente de la República, en que frente a la solicitud de aquellos para que el último hiciera lo humanamente posible para termi nar con las torturas, no hubo de parte’ del titular del Poder Ejecutivo la energía, claridad y franquezas necesa rias para cortar con este mal de raíz sino que, por el contrário, salió justificando la existencia de interrogato rios rigurosos y exigentes, como si los interrogatorios ne cesitaran, para ser eficaces, recibir calificativos. Los in terrogatorios se hacen o no se hacen; son serlos o no son serlos, pero no se requiere ningún tipo de calificativo, y m enos calificativo que impliquen, en cierto m odo cohones tar la-severidad con la que se quiere presentar o se pre tenden presentar las injustificadas torturas. Por eso es que yo pienso que la responsabilidad de esto es, funda mentalmente, del señor Presidente de la República. Pero pienso que más que estar buscando la responsabilización del caso, lo que nos interesa, fundamentalmen te, es que cese esta situación que, en cierto modo, nos avergüenza de nuestra condición de uruguayos. Nada más. SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor senador M lchelinl. SEÑOR MICHEUNI. — Brevemente, señor Presiden te. Nos indignamos por todos los torturados en el Uru guay, pertenezcan a la clase social a que pertenezcan, tengan las ideas políticas que tengan, profesen las ideas religiosas que profesen. Estos torturados de hoy, cuya investigación vamos a votar, —y la vamos a votar para ellos solos para que quede definitivamente esclarecido uno de los hechos más vergonzosos de la historia de la República— fueron tor turados porque muchos de ellos no creyeron hace más de un año, ni su grupo político, que habían torturas. Si en su oportunidad, en abril de 1972, cuando noso tros denunciamos las cosas que se estaban haciendo en los cuarteles, cuando denunciamos la frase famosa del Presidente Bordaberry de que contra los tupas todo era bueno y servia, y cóm o estaban poniendo al servicio de de- . terminados fines cualquier medio, se hubiese procedido por parte de todos con la responsabilidad con que hoy se procede y se hubiese tenido la sensibilidad correspon diente, no hubiera habido torturas en Paysandú. Asi, cien tos y cientos, miles y miles, no hubieran sido torturados. Se pagan hoy los errores que se cometieron ayer. Pero a nosotros nos interesa la verdad, la decencia y la moral y no se puede hablar en este país de moral ni por parte del Poder Ejecutivo ni por parte de las Fuerzas Armadas cuando se está torturando. Estos hechos podrán ser revelados porque tuvieron la oportunidad de ir a Jueces civiles. Otros fueron tam bién a Jueces civiles, otros tupamaros también tuvieron que ir a Jueces civiles y-delante de ellos, com o lo diji mos en su oportunidad, llenaron páginas y páginas de ex pedientes, expresando con absoluta claridad las torturas a que habían sido sometidos. Más de una vez a lo largo de muchísimas jom adas, no sólo nosotros sino muchísi mos otros legisladores de las) más diversas tendencias, en juiciaron duramente al Poder Ejecutivo por los apremios fí sicos y morales, por las torturas, por las arbitrariedades, por los excesos. Hoy mismo se sigue en los cuarteles tor turando. No son sólo los sucesos de Paysandú. Se sigue tratando mal a los detenidos, sometiéndolos a toda dase de privaciones. Bienvenida, señor Presidente, esta m odón que no sotros votamos con entusiasmo, a los efectos de que se aclaren estos excesos, llegando hasta el fin, pese a quien pese, duda a quien duda y caiga quien caiga, que han de caer muchos grandes, señor Presidente. Sólo cayendo muchos grandes es que las cosas en d país se podrán arre glar. Nosotros, entonces, hoy votamos con satisfacción, porque en el fondo, no lo decimos con vanidad ni con orgullo, es un triunfo nuestro. Es el triunfo de la gota de agua permanente tratando de que la verdad resplan deciera. Comenzó el mismo 14 de abril de 1972, cuando la declaración del estado de guerra. Culmina hoy, señor Presidente, cuando el Parlamento desea poner fin, con cretamente, a un hecho determinado. Votamos, .entonces, y sólo para este fin, la Comisión Investigadora, aunque podríamos, sumándonos a las pa labras-del* señor senador Rodríguez Camusso, hacerla ex tensiva a muchísimos otros’ cases, pero sabemos que eso no seria conducente, que alargaria Infinitamente las actuaciones y que seguramente crearía muchísimas di ficultades. Lo que nos interesa es poder demostrar que todo lo que nosotros habíam os sostenido era verdad. Hoy nosotros votamos esta m oción en el convencim iento de que de esta manera se empieza a recorrer un buen. ca mino que se debió haber empezado a recorrer mucho tiempo atrás. SEÑOR PRESIDENTE. — Tiene la palabra el señor senador Hierro Gambardella. SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — Quiero hacer comprender que seria m uy pequeño y muy inferior en nosotros el hecho de que impulsáramos una Comisión Investigadora con divisa política. Para nosotros todos los torturados m erecen nuestra defensa y todos las tor turadores nuestro más profundo desprecio. T no son frases. Estos son hechos que están escritos en la histo ria parlamentaria. El sector que integro y el senador que habla, for mamos parte de la Comisión Investigadora de las Tor toras que presidió el señor senador Vasconcellos en el 26 de junio de 1972 CAMARA DE SENADORES C. S— 271 periodo pasado y fuimos rigurosamente severos en la condena de aquellos episodios tremendamente censura bles. El documento correspondiente, aprobado por el Se nado, llevaba nuestra firma y contó con nuestro voto, así como cuando se nombró una Comisión para Investi gar las torturas a raíz del lamentable fallecim iento del – señor Batalla. Hace muy pocos días, cuando el señor senador Juan Pablo Terra propuso una Interpelación al Ministro nosotros sostuvimos el mismo criterio que boy, en el sentido de que era m&s viable el camino de una Comisión por ser más recatado, más Intimo, el medio en que se actúa y porque da más posibilidades de declarar a personas que tienen las – condiciones que con tanta elocuencia señalaba el señor.senador Pl¿ Rodríguez. . SEÑOR PAZ AGUIRRE. — ¿Me permite una interrup ción, señor senador? SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — Con mucho gusto. SEÑOR PAZ AGUIRRE. — Quiero añadir a lo que ha expresado el señor senador Hierro Gambardella, la circunstancia de que cuando se propuso en el Senado el nombramiento de una Comisión destinada a investigar el terrorismo y los actos de tortura, la misma pudo ser designada porque varios legisladores de nuestro sector hicieron posible el quórum necesario para que se pudle- – ra votar Ja referida Comisión investigadora. Sostuvimos, ahí, nosotros, y lo hice yo personalmente, de que era partidario de que la Comisión investigadora fuera de signada por la Asamblea General o que se radicaba, la Investigación en la Comisión de Legslaclón de dicho órgano, por cuanto el tema estaba en la Asamblea Ge neral. Pero no obstante esa diferencia de procedimiento, varios legisladores de Unidad y Reforma nos mantuvi mos en Sala a efectos de posibilitar la existencia del quórum reglamentarlo que dio posibilidad a que se vo tara la Comisión Investigadora. La Integramos y traba jam os junto con otros miembros del Senado en una tarea muy difícil, muy compleja, muy ardua para encontrar comprobaciones, como quedó de manifiesto en el trabajo realizado, pero añado este argumento a lo ya expresado por el señor senador Hierro Gambardella para mostrar cuál ha sido nuestra actuación permanente en tom o a este problema. SEÑOR VASCONCELLOS. — ¿Me perm ite una Inte rrupción, señor senador? SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — Si, señor se nador. SEÑOR VASCONCELLOS. — Señor Presidente: decla ro que contra lo que han dicho otros señores senadores, ni voto, con alegría ni creo que éste sea el triunfo de nadie. Voto con Inmensá tristeza una- cosa de estas en este país. Creo que esta es la derrota de cosas muy Importantes. Nosotros levantamos nuestra voz contra la tortura e hicim os más: cargamos politicamente con la responsa bilidad, a pesar de que como lo recordaba muy bien el señor senador Hierro Gambardella, todos los sectores, y él fue de los eficaces colaboradores de aquella Comisión, firm aron conform e las recomendaciones que el Parla m ento recogió, analizó y trató cuando hicim os una in vestigación sobre torturas policiales. . (Ocupa la Presidencia el señor senador Paz Agulrre.) —El Parlamento lo aprobó prácticamente por unani midad. porque las únicas voces discrepantes fueron re lacionadas con la posible constitucionalización de algu nas medidas que se recomendaban, y no por el proble ma de fondo, ,y partieron de dos prestigiosos senadores del Partido NaclonaL Politicamente, esa investigación que hicim os contra las torturas policiales —Comisión que presidiamos— sig nificó una campaña sistemática en todo el país para ha cernos aparecer como poco menos que proclives a la se dición y nos costó electoralmente una buena cantidad de votos. Pero levantamos la voz, también, cuando se hicie ron torturas al primer secuestrado^ el señor Glampletro, torturas horrorosas. Levantamos nuestra voz cuando se hicieron torturas a otros secuestrados, incluso vivimos, en el seno del Parlamento, el drama del compañero Fa riña, a quien le vimos, todos los que lo conocimos, cam biado después de los dias de su encierro. ¿Qué no. fueron sometidos alguno de ellos a torturas físicas? Si, es cierto. Pero hay torturas sicológicas que son también tremen damente graves. Denunciamos, permanentemente, siempre que tuvimos conocimiento, la existencia de estos hechos, calificándolos como se merecían. Nuestro primer discurso en la Asam blea Gteneral, cuando énfrentamos a algunos otros se ñores senadores para ubicarnos en las posiciones’ ideo lógicas para saber a qué atenernos en cuanto a la acti vidad futura, Insistimos en que se estaban haciendo tor turas y mencionamos hechos concretos. Hemos mencio nado otros hechos concretos. Incluso señalamos la. muer te del padre de un oficial ocurrida en Laguna del Sauce, en un organism o militar. Se trata de un oficial de la Aviación Naval. Mencionamos el hecho concreto, con nombré y apellido, en aquel momento. Jamás, a lo largo de todo este tiempo de actividad parlamentaria y jamás, a lo .largo de toda nuestra vida de combatiente político y de periodista, hemos silenciado nuestra -voz ante la tortura. – ‘ Oreemos que la-peor forma de cobardía que pfiéde existir,’ én -cualquier parte de la tierra, para, un hombre) es tom ar’ represalias contra una persona indefaósa,. en sañándose con ella. Además, señor – Presidente, es Innegable como, con * esto, se va produciendo una progresiva y paulatina lnhumanización por parte de quienes hacen tales cosas, que van perdiendo, de a poco, el sentido de lo verdaderamen te humano. Pero aquí hay un hecho distinto, que hemos pod’dc traer documentado al Senado, (porque era nuestra obli gación hacerlo y asi lo hicim os) aportando copias tes timoniadas de las declaraciones formuladas ante la Jus ticia Civil, en presencia de los abogados defensores,.con determinación de los exámenes m édicos efectuados. ¿Qué oportunidad, entonces, m ejor que esta para pe dir al Parlamento que, en base a los hechos concretos y documentados que se han traído a su seno y con esas actas testimoniadas —de las cuales, por suerte, no existe una sola, sino varias— empiece la Investigación, toman do com o base para la misma lo que aquí se ha expuesto? No se trata de defender a tal o cual persona; co nocemos a alguno, compañero nuestro, ñero, en general, no recordamos que. sepamos algo, desde el punto de vísta personal, de los olios. Justamente ese compañero nues tro fue más torturado, insultado y agraviado roroue ha bía sido político, porque había actuada en política. Por eso, señor Presidente, creemos que’ en estos «Ha» en que toda clase de rumores —que pueden trágicamen te convertirse en verdad— circulan por la República, nuestra actitud no puede ser más que la que anuncia mos en tom o a esto cuestión. Votamos, – señor Presidente/ con profunda’ tristeza. Creíamos que después de la anterior oportunidad, cuan do se mostraron tantas cosas realmente tremendas, no podían volver a repetirse situaciones de esta clase. S’n embargo, vemos que, Incluso, se ha superado todo aquello, llegándose a una especializaclón, a un refinamiento en los procedimientos que, verdaderamente, desborda. Hoy publica la prensa una de las tantas declaracio nes que nosotros hemos alcanzado al Parlamento. En ella se señalan situaciones que tienen que ver con las mujeres embarazadas, y la verdad es que Jos que la le yeron, por más Indiferentes que sean y por duro que tengan el corazón, deben haberse estremecido hasta la raíz misma de su sangre. Hay países en los cuales las mujeres embarazadas no son detenidas ni enviadas a una prisión común; aquí, en el nuestro, la, mujer declara y, mientras tanto, no sólo es insultada y agraviada perso 272—C. S. CAMARA DE SENADORES 20 de ju n io d e 1973 nalmente, sino que, además, es objeto de actos concre tos de tortura destinados a hacerla abortar para poder seguir torturándola: Oreo que esto llega a un-grado tal de crueldad, que parece que no hieran uruguayos quie nes lo hacen. Si algo caracterizó, siempre, al hombre de este país, fue el respeto por la mujer. El sentido de caballerosidad de nuestro criollo, de nuestro hombre en cuanto al res peto a tener frente a la mujer, en todas las circunstan cias. era lo permanente. (Cómo podemos, señor Presi dente, aceptar y com prender que a una mujer presa la estaqueen —como dice una de las torturadas— la acues ten sobre un lugar donde hay hormigas coloradas para que la piquen y p ú a que pierda el embarazo y la m or tifiquen hasta cualquier extremo! Esto parece sacado de una película de terror, y no de la realidad uruguaya. Esto ha sido probado; ahí están las actas que lo testimonian. No quiere decir ello, naturalmente, que no puedan haberse producido otros hechos. Nosotros hemos traído un documento y habrá que investigar y, repito, yo voto la Comisión Investigadora, y votaré, también, todas las medidas que sean necesarias para que se alcan cen los esclarecimientos correspondientes y resplandezca toda la verdad. Hay gente que cree que,- porque un momento de terminado tiene la fuerza en sus manos y, acaso,^1 aplau so de las multitudes, que está todo logrado. No es asi, señor Presidente: a la corta o a la’larga, siempre, estas cosas terminan por pagarse. El destino tiene caminos muy extraños, a veces; las situaciones cambian y, quie nes se aparten de las normas humanas, verán; en algún momento, sin necesidad de venganza, simplemente por la concatenación de hechos y circunstancias —inexplica bles en algunas ocasiones, pero que ocurren— que las cosas pueden ser diferentes. Hay una conciencia que re muerde. ¿Cuántos delitos no descubiertos han surgido al conocim iento público porque la conciencia de quien los cometió lo llevó a confesarlos? Hoy las cosas serán de un modo; mañana, tal vez, serán de otro. Hay un viejo dicho inglés —“ la libertad es como el sol, o sale para todos o no sale para nadie”— que es oportuno recordar en estos momentos. Los derechos individuales son, tam bién, de la misma Jerarquía: o sirven para todos o no sirven para nadie. Cuando comienzan las arbitrarieda des, incluso aquel que puede ser el más entusiasta en cometerlas, puede ser, algún dia, víctima de las mismas. Ésta es una lección dé la historia que muchos olvidan pero que tarde o temprano se da. -La actividad pública y política debe ser hecha con dignidad y humildad, al servicio de los ideales y de la causa que se defiende; nunca, señor Presidente, en función de persecuciones y arbitrariedades. Y o’lam ento tener que Votar en el Parlamento de* mi pais una investigación de esta clase; como lamenté, también, tener que traer al Parlamento las cosas horro rosas que debí denunciar. Pero’ es nuestra* obligación h a- , ‘ cello y hubiéramos sido indignos de nuestra función pública, .si no procediéramos así, a causa de los rumores que se oyen y se hacen correr y que andan por ahí, amenazantes. Nunca, por ello, señor Presidente, podría mos haber dejado de hacer lo que hicimos. Los vencedores de hoy pueden ser muy efím eros; tal vez, en muy poco tiempo, hayan caldo en el olvido y en el desprecio popular. Nosotros preferimos, muy rei teradamente, salir derrotados en nuestra lucha; ello no nos preocupa si caemos en defensa de los altos princi pios que tan caros nos son, entre ellos, el fundamental de la solidaridad -humana y el del respeto a la dignidad del hombre. Estamos sonsustanciados con la manera de ser del uruguayo; y estamos seguros, señor Presidente, de que el hombre de este país, como siempre, no se guía por el odio sino por otras cosas mucho más dignas. La gente perturbada, no tendrá, Jamás, el apoyo de nues tro pueblo. Pido disculpas por la extensión de la interrupción que le he solicitado al señor senador Hierro Gambarde11a. Reitero que, con tristeza, voto afirmativamente, en esta circunstancia, una Comisión investigadora, esperan do que los hechos políticos que en el país se están de sarrollando nos permitan, llegar a fondo y establecer res ponsabilidades personales, además de las responsabilida des políticas que puedan derivarse de estas circunstancias. Las responsabilidades personales son muy importan tes, para que la gente que otro día intente castigar en la soledad de un calabozo o en la cuadra de un cuartel a alguien, sepa que puede haber una justicia que va a. llegar un dia con la ley para sancionarla en la forma adecuada. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — Puede .con tinuar el señor sénador Hierro Gambardella. SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — Me complazco en haberle concedido una interrupción al señor- senador Vasconcellos, porque ha expresado muy buena parte de lo que pienso y siento, especialmente con respecto a la problemática del país y a la reacción que como hombre, com o ciudadano, como militante de mi sector y como senador, tenemos frente a las torturas, que siempre ha sido la misma, que nunca ha cambiado. Ayer como hoy. siempre estamos dispuestos a luchar contra ellas. Señalo y subrayo, además, que siempre es bueno tener presente que en todo momento procedimos con claridad y cuando sobre el pais se ciernen amenazas, actuamos en la de fensa de los derechos humanos. – Que quede bien claro, señor Presidente, que está nó tiene nada que ver con ninguna intención de carácter político. Conozco, entre las personas torturadas, com o el señor senador Vasconcellos. solamente a una, él seño!; Rafaglio, que es mi correligionario. De los demás, nó se cuales son sus ideas políticas, ni me interesa. He sentido una vibración de honda solidaridad humana fren te a ellos, como ante todos los que sufren. Estamos dispuestos a llevar adelante esta Comisión Investigadora, en la forma propuesta, para llevar basta las últimas consecuencias la investigación y las sancio nes que correspondan. Ese es el sentido de nuestra moción. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — Tiene la pa labra el señor senador Perreira Aldunate. SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — Señor Presidente: con máxima brevedad, manifestamos que vamos a votar la Comisión investigadora que se propone. Casi .no-08 necesario fundamentar nuestro voto. La tortura tiene una victima, no sólo en el que la sufre concretamente. Quizá la principal víctima de ella sea el propio país’.y ‘ él alma nacional. Tengo la impresión de que el torturador termina sien do una de las más infelices víctimas del proceso. Siendo esto así y midiéndolo por su dimensión moral, no puede haber diferencias* entre unos casos y otros; no puede ser distinto, de ninguna manera, en función de las circuns tancias, los objetivos que el- gplicador -de las torturas se propone. -. En este sentido, naturalmente que la tesis lógicá tendría que ser la de la investigación exhaustiva. de;4o* dos los casos. Pero le tenemos mucho temor a la ‘d lfc – peñsión del esfuerzo legislativo. Aquí hay una denunciá concreta que nega, además, casi, con la prueba pr&^anstitulda. Llega abonada desde el momento mismo en que se formula, con las declaraciones de la victimas for muladas ante los estrados judiciales. Entonces, sin per juicio de votar otras indagaciones que sean procedentes para otro tipo de torturas, (que hay muchas; son éstas y son también las que rebelan aquellas indagaciones cri minales en las cuales el responsable siempre es el últi m o apresado, porque ha habido varios crímenes en los que el responsable es el último que entra a la comisarflt, uno nunca sabe cuando los expedientes se clausuran, porque bastarla que aprehendieran a otro para’ que. a zn vez, se declare responsable de lo que se está investigan do), sin perjuicio, repito, de votar las Investigaciones que procedan para esos otros casos, en éste, concretamente; votaremos la Comisión Investigadora tal como se b a jo » ? puesto. Desearíamos, que se le fijara un plazo muy breve para expedirse. 26 de junio de 1973 .CAMARA DE SENADORES C. S— 273 SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — Tiene la pa labra el señor senador Pereyra. SEÑOR PEREYRA. — Señor Presidente, corroborando lo que decía el señor senador Ferreira Aldunate, vamos a votar, pero una Investigación restringida- de estos epi sodios. Y vamos a decir por -quá Me tocó integrar la Comisión Investigadora que está actuando en lo que tiene que ver con la indagación de los actos terroristas. La propuesta inicial era para in vestigar lo que tenia que ver con el escuadrón de la muerte; pero, luego, el Senado resolvió agregar lo re lativo a todos los actos terroristas. Entonces, indudablemente, hemos tenldo~que solicitar material tan abundante que aún no ha terminado de llegar a la Comisión. Además, para ser absolutamente claro y sincero con el Senado, para que este lo conozca, porque no sabemos cuando llegarán las conclusiones de esa Comisión de tra bajo tan extenso, debo decir que en determinado mo mento el señor Ministro de Defensa Nacional fue llama do a la Comisión ante denuncias muy concretas del se ñor senador Terra, y expresó las dificultades que_habria pafa el trabajo y los métodos que se proponían llevar a cabo. Creo, señor Presidente, a-esta altura de las-cosas, observando como han marchado esas investigaciones, que deberíamos haber traído al Senado, los miembros-de esa Comisión, lo poco’que habíamos estudiado extensünente y las dificultades que tenemos por delante, para que el Cuerpo resolviera al respecto. Ésto lo digo al pasar, para justificar por qué votamos la Comisión Investigadora circunscripta a las denuncias que hoy se han hecho, a efectos de que, en un término breve, pueda llegarse a conclusiones definitivas para po der proceder en consecuencia. Otro fundamento de voto seria inútil a esta altura, porque compartimos todo lo dicho para condenar las torturas, cualquiera sea la Ideología del torturado y cua lesquiera sean los móviles de los torturadores. La tortu ra indigna y repugna porque significa el sufrimiento y el dolor de la persona humana, provocados en la forma más cobarde posible. De manera que, señor Presidente, por estos motivos, vamos a votar la Comisión Investigadora para el escla recimiento de estos hechos que, por otra parte, estág totalmente probados, com o recién se señalaba. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre).— Tiene la pa labra el señor senador Caputi. SEÑOR CAPUTI. — Señor Presidente: comprendemos la enorme gravedad de las denuncias que se han formu lado, no ahora sino hace dias, porque ya se están pu blicando’en la prensa, y tenemos que decir que, sin duda, aunque no sea ese el espíritu, —que es constructivo e -indignado— con que se m aneja’ el asunto, este pedido de investigación nos lleva ahora, indudablemente, a un uñeta enfrpfatamlento del Parlamento de la República con las Fuerzas Armadas com o institución. Tenemos —y lo seguimos manteniendo— un alto res peto y consideración por esas Fuerzas Armadas de nues tro p a is..’ SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — Supongo que todos. SEÑOR CAPUTX — …s in perjuicio de que, como en todas las colectividades públicas o privadas, haya hombres que son indignos de pertenecer a ellas. Además, nos preocupa un aspecto del problema y es el que tiene que ver con las denuncias, que son muy serias y graves. Incluso alli figuran las personas casti gadas y perseguidas y entre ellas un amigo, el señor Rafagllo, que fue legislador hace un tiempo, represen tante de Unidad y Reforma, que es un hombre de bien. Pero digo lo siguiente. ¿Cómo es posible que los de nunciantes, al salir de la esfera militar y tener oportu nidad, porque han sido procesados por la justicia ordi naria, de formular las denuncias, éstas han quedado ahí, reflejadas a través de los testimonios que han llegado? Entonces, señor Presidente, ,yo pregunto: ¿cuál es’ la función del Juez que escucha denuncias de este tipo? Hay detenidos, procesados por delitos que tienen, qué ver con la administración del Estado, que han formulado acusaciones en el sentido de haber sido tremendamente castigados .y el Juez, autoridad suprema en el manejo de la Justicia Civil, no ha tomado ninguna determina ción y no hace que los autores de esos castigos vayan a declarar ante él, como corresponde. SEÑOR VASCONCELLOS. — ¿Me permite una inte rrupción, señor senador? SEÑOR CAPUTI. — Con mucho gusto. SEÑOR VASCONCELLOS. – Quiero hacer algunas puntualizaciones, para poner las cosas en sus justos tér minos. En primer lugar, cuando el señor senador Caputi Vdlce que con esto el Parlamento enfrenta, nuevamente, a Tas. Fuerzas Armadas, creo que com ete un error. 1 • SEÑOR HIERRO ÓAMBARDELLA. — Apoyado. SEÑOR VASCONCELLOS. — El Parlamento no está enfrentado a las Fuerzas Armadas. Dentro de ellas, hay un grupo que sí lo está. Pero por ello, no vamos a con fundir a ese núcleo con todo el Ejército. En segundo término, señalo que aunque se. hayan hecho denuncias de que en alguna Unidad Militar o en varias, en otras circunstancias, se han com etido delitos, no significa que todos los oficiales de este pais que están en actividad, sean torturadores. Nadie lo ha dicho, y seria totalmente injusto hacer una afirm ación de ese tipo. Señor Presidente: una afirmación de ese orden es tan Injusta com o las que hacen quienes combaten al Parlamento y dicen que los políticos pertenecen a tal o cual categoría inferior de gente. Además, el señor senador Caputi se pregunta por qué el Juez no ha actuado. En realidad, él trámite judicial sigue. Es cierto que hubo un Juez que se inhibió. El asunto pasó ahora a otro Juzgado. Estaba en el de 7P Turno y, en este momento, está en el de 1er. Turno. En el ínterin, se cambió el Fiscal que estaba actuando. Fue trasladado de ese departamento al de Máldonado. no por problemas derivados de este suceso sino, simplemente, por una normal rotación de funciones. Hay un nuevo Fiscgl, que .creo que es eL doctor Barbagelata, aue estaba en el Departamento de Rivera y ahora pasó al de Paysandú. Por lo tanto, se va a seguir el trámite corres pondiente dentro de la órbita judicial. Tengo la seguri dad de que la Suprema Corte de Justicia asegurará la plena independencia del Poder – Judicial para actuar. en esta materia.\ Señalo que quizá, en el curso de los próximos días, tengamos que agregar otros elementos relacionados con este problema, algún caso concreto que, com o se vincula con las denuncias formuladas, posiblemente la Comisión —el Senado, seguramente, deberá dar su anuencia— ten drá que tomarlo en cuenta. Con lo que estoy diciendo, no quiero significar que la Justicia no deba seguir actuando. Lo que sucede es que, cuando los hechos son tan graves, trascienden de un expediente judicial y pasan al ámbito nacional. En el momento en que se hizo la lectura del expe diente por parte de los funcionarios del Juzgado, para la firma, con la presencia del abogado, del Juez, del Fis cal y de los interesados, se hizo una grabación. Tengo en mi poder dicha grabación, donde constan las decla raciones, y adelanto que la pondré a disposición de los 274—C. a CAMARA DE SENADORES 26 de junio de 1973 señores Integrantes de la Comisión, aunque no hace real mente falta porque hay un testimonio, que es la pieza m ás importante del juicio. Se decidió recoger de esta form a las declaraciones, porque esto rebasaba lo que la gente podía pensar que ocurriera. A la población de Paysandú le sucedió Jo que a mu cha gente del’ país. Muchas veces7 cuando se lee la pren sa de Montevideo, los inform es de este tipo en el Par lamento, se cree que hay una exacerbación de la imagi nación y que se están desfigurando hechos. Pero cuando se ven las cosas de cerca, las actitudes cambian. Por ejem plo, cuando se llevaba gente de un lado, detenida, a la Jefatura, vieron allí a un hombre de 64 años, como Raff&glio, convertido en uno de 90, asistido por dos per-, semas. La gente supo, por su boca, que le habían roto las hemorroides a puntapiés, a pesar de que él había in dicado . que tenia esa dolencia, así com o que estaba her niado. Hubo otro detenido que al llegar a la Justicia O vil solicitó que lo exoneraran de declarar y. que que daba a disposición para que lo examinaran. No se atre vió a declarar en función de hechos que no estoy auto rizado a revelar, a pesar de que tengo inform ación di recta de profesionales. Este hecho no puede quedar, solamente, en la órbita de lá-Justicia, porque afecta al pais entero. Entonces, sin perjuicio de que ella cumpla con su función y apli qué’.las sanciones del caso, es el país entero, a través de éste órgano que lo refleja, el que tiene que tomar medidas para que estos sucesos no se vuelvan a repetir. 7 si coto vuelve a suceder, que la gente sepa que va a trascender, que va a tomar estado público, que las per sonas que cometen estarcíase de hechos no van a quedar en el anonimato y que el pais va a saber quienes son los torturadores. A la gente no le podemos devolver la paz que le ha hecho perder este sufrimiento, asi como tampoco los sen tidos y la vida que otros han perdido; pero, por lo me nos, podemos levantar una valla moral y decir a la po blación que estas cosas no se pueden hacer impunemente en el Uruguay y que si alguien lo hace boy y permanece impune, que tenga la seguridad de que su nombre que daré. inscripto en un libro donde nadie va a querer fi gurar: en el libro de la gente deshumanlzada, que se aprovecha del sometido, del preso, dél que está quebrado, del que ha pasado 6 dias sin com er y sin beber, para abusarse de él o para amenazar a su familia. Esa es la extensión de m i planteamiento. Se que el señor senador Caputi lo com pu te desde el fondo de su alma, porque le hemos visto expresar su sensibilidad ardorosamente en el seno del Parlamento. No creo que nadie pueda oponerse a que esta investigación se realice, porque la Justicia ya está interviniendo. Creemos que la Justicia debe seguir trabajando. La Corte, los meca nismos judiciales, los abogados; harán todo lo posible por cum plir su labor. Nosotros no deseamos interferir con ella; pero pensamos que el Parlamento tiene que utilizar, otros mecanismos y, si no los posee, dictará leyes para tenerlos. Entonces, señor Presidente, buscaremos la verdad. SI todas estas personas se han confabulado para aparecer con jos brazos, con el pecho, con la espalda quemada, con una hernia, con estados Osleos que han obligado a una intervención quirúrgica para mantenerles la vida, bueno, que queden como grandes mentirosos que han tra tado de desprestigiar a una institución importante del pais. Pero, si han dicho la verdad,-que también se sepa. Cuando hicimos una investigación anterior en el Par lamento, vimos a hombres enteros —que no eran com pañeros míos, por cierto, asi com o tampoco conocidos— llorar mientras contaban las torturas a que habían sido sometidos. Hubo médicos que manifestaron que habían asistido casos en los que com probaron 70 quemaduras de cigarrillos en el bajo vientre. El Parlamento entero reaccionó; pero no pudo hacer otra cosa que determinar hechos y no responsables. Luego, ni el Poder Ejecutivo ni la Justicia determinaron responsabilidades. Todo que dó en una campana de alarma, que en su momento, pa rece, sirvió para que estas cosas se calmaran, pero que. de acuerdo a estos últimos hechos que han tomado esta do público, parece que vuelven a recrudecer. Al respecto, él señor senador Pía Rodríguez dejó una constancia so bre un suceso notorio en ¿ t o s días. Tenemos acá una prueba determinada. No creo que esta gente haya mentido, porque nadie tiene el placer de decir que lo metieron en un tanque de agua, o que lo agarraron de los testículos, o que le reventaron una hernia, o le hicieran lo que le hicieran, porque a ningu na persona le gusta exhibir su miseria o mostrar los ve jámenes a que ha sido sometida, sino que más bien pre fieren callar y guardarse los recuerdos. Si han actuado de este modo,, es porque han sentido la absoluta nece sidad de hacerlo, ya que, incluso, muchos se hablan in criminado de actos que podían costarie meses o años de cárcel, a él o a otras personas que eran inocentes. Tam poco quiero entrar a este problema; pero si digo que les habían arrancado confesiones, y que hablan Inventado personas inexistentes para tratar de que no los golpearan, Incluso, uno de ellos les dijo lo siguiente: “Les firm o que me suicidé, y péguenme un tiro, pero no me tor turen más”. Conocemos algunos de los nombres de estas personas como, por ejemplo, el de Raffaglio, que fue concejal, diputado y compañero de casi todos nosotros, llén e, ac tualmente, 64 años. También fueron torturadas perso nas con 93 ó 64 años de edad, asi com o una mujer.. Quiere decir, que n i siquiera han tolerado el sexo y no se detuvieron para realizar estas cosas. 81 esto ocurre en el pais, y no reaccionamos, entonces al que estamos perdidos. En todo esto no existe ningún propósito político, sino que es un problema de sensibilidad humana. 81 alguien hizo esto —y los hechos asi lo demuestran— tiene que ser responsable, y si no aparecen responsables, tiene que haber por lo menos uno, porque no es cuestión, tampo co, de que la cuerda se corte por lo más fino y aparez ca, en definitiva, com o responsable,- el corneta o el sim ple agente o soldado. No; aquí hay una organización vertical en materia de mando, y hay otras responsabi lidades que tienen que jugar.- Jugarán los que han co metido los actos, materiales, pero también lo harán los que debieron vigilar y no lo hicieron evitando conocer el problema, pudlendo y debiendo conocerlo. Quiero quitarle a este problema el matiz político. No he hecho esta denuncia porque las personas que apa recen aquí sean del Partido Blanco o Colorado, ni la he puesto a disposición del Senado porque se. trate de un problema vinculado a un departamento determinado. No, también lo hubiera hecho si hubieran caldo en mis ma nos actas de esta clase, de cualquier parte del pais, fue ra quien fuera y tuviera la orientación política que tu viera el protagonista. No sé, en realidad, a qué partidos pertenecen estas personas. Raffaglio, naturalmente se que pertenece, al Partido Colorado, así como también Siécola, quien fue Presidente de la Junta Departamen tal de Paysandú, pero no se a qué sector pertenece. De -lo s otros, no conozco su filiación política, salvo que hay algunos blancos. Pero no se trata de eso. Pertenecieron al sector que pertenecieran ¿es posible que en este pais ocurran estas cosas, y teniendo conocim iento de ellas no nos apresuremos a tratar de clarificarlas totalmente pa ra hacer jugar todas las responsabilidades que corres pondan? Haremos jugar las judiciales, en la órbita que corresponda, asi como las administrativas y las morales en cuanto a la publicidad de estos hechos. Cuando co rrespondan las responsabilidades políticas por haber te nido conocimiento de los hechos los jerarcas, aunque no hayan intervenido directamente, pero por no haber to mado, las medidas necesarias para que estas cosas fueran corregidas y para que fueran sometidos a los organismos competentes quienes así actuaron, también las haremos jugar. No estoy prejuzgando, sino Indicando los caminos por los cuales se puede transitar. Agradezco al señor senador la interrupción que me ha concedido, y le pido perdón por lo extenso de la misma. SEÑOR CAPUTI. — Señor Presidente: el recuerdo que trae el señor senador Vasconcellos de los resultados CAMARA PE SENADORES C. a—275 finales de la investigación llevada a cabo en el periodo anterior, y a que él aludió, es exacto. Ha dicho que la Justicia Civil, en definitiva, no ha podido concretar nin gún cargo que signifique un castigo —como ser prisión o pérdida del cargo— para los que aparecieron én dicha Investigación, como causantes directos de las torturas denunciadas. El hecho de que un expediente pase de un Turno a otro, o de que cambien loa Fiscales, son cosas naturales del engranaje y del funcionamiento de la Justicia Civil; pero lo que no he podido leer hasta ahora’, es que de nuncias tan graves —evidentemente lo son, y. causan una tremenda angustia en toda la gente con sensibilidad— hayan merecido una respuesta Inmediata en la Justicia Civil y no se hayan iniciado, antes de proseguir con el juicio común por los hechos que se le endilgaban a los acusados, las averiguaciones concretas de tantas tortu ras. En ese ámbito es donde se deben hacer esas de nuncias, y nosotros, en el Parlamento, com o es tradi cional, siempre guardamos un inmenso respeto por . la Justicia de nuestro país. Creemos en ella, en sus pro cedimientos y respetamos sus fallos. Por lo tanto, pien so que, evidentemente, aquí hay algo que no ha fun cionado bien. En estas condiciones, entiendo que habría sido necesario solicitar antecedentes de estas denuncias al propio Juez ante quien fueron formuladas Digo esto, porque me consta qué en el ám bito. cas trense, por los resortes que corresponden y en el silen cio con que se deben manejar estas cosas, se ha orde nado una investigación como modo de poder salir luego a rebatir, contestar o, incluso, condenar, arrestar y pro cesar a quienes se compruebe que han sido culpables de este tipo de torturas Alguien podrá decir que no es po sible que las Fuerzas Armadas no hayan publlcitado estos hechos; sin embargo, es lógico que hayan obrado de esta manera, porque hasta tanto no se tengan los elementos probatorios de los hechos, o no se trate de desvirtuar las acusaciones que, me parece a mí —esto lo digo en forma muy personal— va a ser muy difícil que los acusados puedan rebatirlas, porque no están en las palabras, sino en los físicos de las personas, no tienen por qué hacerlo de otra manera. Creo que, por* esta vía, a lo que se está, es a la espera de esa investigación de resorte absolutamente interno de las Fuerzas Armadas, a los efectos de saber com o ha de actuar la jerarquía militar frente a tan gravísimas acusaciones. Sintetizando, señor Presidente, manifiesto que hay dos hechos que me llaman la atención. El fundamental es que la Justicia Civil y el Juez correspondiente, sa biendo que esos testimonios iban a tomar estado pú blico, no haya tenido ninguna reacción en lo’ que tiene que ver con los deberes que, en mi concepto, tiene un Juez,‘cuando un acusado o un ciudadano que está para ser procesado, -hace esta clase de denuncias. Esto es importante saberlo. Es posible que el Juez haya tomado alguna deter minación o que haya dispuesto, por ejemplo, solicitar por los medios que correspondan que los responsables del Batallón —creo que es el número 8— de Paysandú, acu dan a hacer los descargos del caso. No lo conozco, pero pienso que el Juez es un hombre con la misma sensi bilidad que tenemos todos y creo que tiene la obligación de aclarar esto. SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — ¿Me permite, se ñor senadoi, una interrupción? SEÑOR CAPUTI. — Con mucho gusto. SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. —. Permítame, que hasta ahora no he intervenido en el debate. Vamos a abrir el juego. Ya son las 19 y 5 minutos y hay otros asuntos que tratar. Simplemente quería decir lo si guiente. Recuerdo perfectamente que aquí, en este mismo Se nado, el señor senador Caputi, en determinada oportu nidad afirmó, categóricamente, que la actividad sedi 25 de ju n io de 1973 ciosa no era reprimida de acuerdo con lo que mandaban las leyes, porque los Jueces Civiles estaban asustados. ‘ SEÑOR CAPUTI. — Eso es evidente, y lo volvería a repetir hoy. SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — Eso se lo oí al señor senador y ahora lo ratifica diciendo qué es evi dente. Cuando veo su estilo argumenta! de ahora, me pa rece que debería aplicarlo también, porque los jueces pueden asustarse a muchas puntas. No veo por qué el argumento le funcionaba entonces, y no le funciona . ahora. • ” SEÑOR PLA RODRIGUEZ. — ¿Me permite, señor senador, porque asi contesta los dos argumentos? SEÑOR CAPUTI. — Con mucho gusto. SEÑOR PLA RODRIGUEZ. . — Quiero referirme a – esas dos consideraciones que acaba de formular el señor senador Caputi. La primera es que.dice que estando sometido a un Juez Civil o de la Justicia Ordinaria, debemos dejarlo actuar,. Creo. ’—y eso lo aclaró muy ‘bien el señor se nador Vasconcellos— que son dos los procesos distintos y dos planos diferentes.. El Juez Ordinario va a deter minar la responsabilidad penal de aquellas personas que han intervenido directamente en él problema, en los malos tratos-y en los hechos que directamente estáis re lacionados con éstos. Todos .sabemos que la Justicia es lenta. No .es fácil para ésta resolver los problemas, pero juntamente con eso hay otro plano de responsabilidad administrativa, política, e incluso, castrense, en cuanto a que hay hechos de tal gravedad que se están produ ciendo y repitiendo que no puede ser solamente la per sona que físicam ente actuó, sino que también supone una responsabilidad de los superiores. Desde ese punto de vista, creo que la intervención parlamentaria va a servir para darle estado público a la situación, y para investigar todas las responsabilidades que pudiera haber. Eso me lleva com o de la mano a la otra considera ción, de que en esferas castrenses ya se está haciendo una investigación. Recuerdo que cuando se planteó en la Cámara de Diputados la interpelación por la muerte de Luis Carlos Batalla en Treinta y Tres, que ocurrió a principios del mes de junio del año pasado, —en ese momento, por una gran votación en la que participa ron diputados de todos los sectores, por lo que no tenia sentido político partidario, se reclamó al Poder Ejecuti vo, y concretamente a las Fuerzas Armadas, la deter- minación de los ‘responsables y el público señalamiento de ellos. No porque hubiera ningún solaz especial en hacer responsable a alguien, a fin de crear en tom o de él un estado de indignación pública, sino para que esto actua ra como un freno más para todos- los que existieran, para que cesaran estos hechos. Eso ocurrió, repito, en junio de 1972. Ha pasado ün año y no se conocen los resultados de esa investigación; no se sabe absolutamente nada y no ha habido ni m t» sola manifestación clara y defi nitiva de que esas cosas no se van a repetir. Lamenta- ^ blemente, los hechos nos demuestran que se están re pitiendo, incluso en éstos últimos meses,’ porque estas de claraciones de Paysandú son del mes de máyo y la muer te de Fernández Mendietta ocurrió a fines de este mes. Quiere decir que son hechos que se están repitiendo cuando ya. hace un año le pidió a las Fuerzas Armadas que cesaran y que se determinara a los responsables. Estoy de acuerdo con lo que dice el señor senador Vasconcellos, que este no es un enfrentamiento del Par lamento con las Fuerzas Armadas, sino que es la ex presión legislativa —yo diría que la expresión nacional, porque estoy seguro que en esto interpretamos e l’ pen- – samiento de la enorme mayoría de los uruguayos, por no decir de todos— en el sentido de que estas cosas tie nen que cesar. No se trata, en lo que me es personal, de determinar el culpable, expresando: el culpable de estos hechos es él señor fulano de taL Lo que yo quisiera 276—C. S. CAMARA DE SENADORES 26 de ju n io de 1973 —y volverla tranquilo esta noche a mi casa— es que se vote una decisión que determinara que en el Uruguay no se va a torturar más, cualquiera sean los torturados. SEÑOR CAPUTI. — En el Uruguay y en todo el mundo. SEÑOR PLA RODRIGUEZ. — SI, señor senador; pe ro nosotros tenemos la responsabilidad del Uruguay y en él tenemos que dar cuenta de nuestros actos. En ese sentido creo —quiero ratificar una alusión que hice— que, cuando se le da la oportunidad al señor Presidente de la República para que condene las torturas, para que diga que no sólo no se hacen, sino que no se pueden hacer y que las va a castigar, y sale con una escapatoria diciendo que es partidario de los Interroga torios rigurosos y exigentes o, cuando los delegados del Frente Amplio que habían tenido una entrevista con él le enviaron un telegrama hacia fin de año, salió con una contestación en la que no condenó con la severi dad debida ciertas cosas, es indispensable que el Par lamento asuma la responsabilidad del caso y que si el camino indicado es la Investigación, que se haga. Me parece que esto va a complementar, para darle estado público y la significación que tiene, la condena’ que co mo uruguayos debemos hacer a este tipo He métodos que, vuelvo a repetir nos avergüerzan a todos. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — Puede con tinuar el señor Senador Caputi. SEÑOR CAPUTI. — Termino, señor Presidente, re cordando que si alguna vez manifesté lo que se ha re petido esta tarde aquí, lo dije y lo sigo manteniendo, en lo que tiene que ver no por los Jueces asustados, sino por algunos asustados. El teléfono, señores senadores, fue una de las armas más poderosas que manejó —y quizás siga manejándo la sedición. En ese sentido puedo citar dos anécdotas que son bien claras. Én una oportunidad, en un Juzgado determinado, actuando un abogado y ex político, resolvió. Incluso con la anuencia del Juez restringir la pena dándole la li: bertad a un sedicioso. A los dos meses, ese sedicioso co metía uno de los más feroces crímenes que han ocu rrido aquí El otro se trata, de un hecho parecido. En aquella época los teléfonos marchaban de tal modo que, estan do trabajando honradamente en la oficina —icomo ocu rre ahora con todos nosotros, que nos llaman telefóni camente, amenazándonos y la reacción es violenta— se llamaba a los hogares, cuando los jefes de familia nct estaban y atendían las madres, y los hijos; con e l’ fin de amedrentarlos. Eso, en mi concepto prendió mucho y quizás por eso, a mi criterio, la repetición de graves delitos de la sedición se debió a que en el manejo estríe-: to de la ley, no se fue com o/—que me perdonen los Jue ces— se. debió ser. El caso es patético. Un joven fue puesto én libertad, pero las Fuerzas Conjuntas , lo re tuvieron. De acuerdo a la Constitución, pidió sú salida del país y se fue. A los tres o cuatro meses, fue ase sinado Acosta y Lara y uno de los asesinos fue aquel que quedó en libertad, salió del país y luego entró y contribuyó, con su esfuerzo de criminal nato, a cortar la vida de un hombre de bien y decente de nuestra patria. En lo que respecta a nuestra posición, creemos que la Justicia Civil —no queremos abrir juicio— debe estar interviniendo en esto y que su intervención tiene que ser decisiva para clarificar los hechos. Las denuncias fue ron hechas precisamente- ante ella y los Jueces tienen que obrar de inmediato. Además, repetimos —nos consta— que a nivel cas trense se están haciendo las averiguaciones correspon dientes para deslindar responsabilidades. Esas son las razones por las cuales por ahora no estamos dispuestos a votar esta investigación, creemos que hay dos instancias que no se han cumplido y, fun damentalmente, deseamos saber si la Justicia Civil ha tomado Intervención en el asunto para aclarar debida mente las gravísimas denuncias que se han formulado, con todo derecho, por el sector de unidad y Reforma que hoy plantea esta investigación. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — No hay más oradores inscriptos. Antes de votar la moción, correspondería decidir el número de miembros de la Comisión Investigadora y el plazo que tendrá ésta para expedirse, señ o r HIERRO GAMBARDELLA. — Pienso que po drían ser cinco miembros. En realidad, no tengo una opinión definitiva en cuanto a la cantidad de miembros ni en cuanto al plazo y me someterla con mucho gusto al’ m ejor criterio de los compañeros del Cuerpo. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — ¿Qué plazo sugeriría? SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — Podría ser de 30 días. SEÑOR SANTORO. — ¿Me permite, señor Presi dente? SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — llen e la pa labra el señor senador. señ o r SANTORO. — Nosotros vamos a votar la de signación de la Comisión que se solicita, pero queremos formular la siguiente solicitud. SI fuera posible, desea ríamos que la Comisión trabajara en dos etapas, una dedicada estrictamente a los episodios de Paysandú y otra a la Investigación de los hechos ocurridos en el Departamento de Canelones que todos conocemos, en los que se vieron involucradas personas que también fueron sometidos a malos tratos y torturas al ser acusadas de un crimen y que posteriormente fueron puestas en li bertad por la Justicia. SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — ¿Me permite, señor senador? SEÑOR SANTORO. — Sí, señor senador. SEÑOR HIERRO GAMBARDELLA. — El señor se nador pía Rodríguez había conversado. conmigo de una fórmula similar. Nosotros pensábamos —estábamos a título exploratorio en todo esto— que las investigaciones, tanto las* que menciona el señor senador Santero como aquellas a las que se había referido el señor senador Pía Rodríguez, que podríamos denominar de tipo político, de berían ser motivo de una nueva Investigación -por otra Comisión o por la misma, si asi se decidiera. <• * • Creo que ahora lo más Importante seria votar con cretamente esta Comisión y luego veríamos cual seria la nueva Instancia. Adelantamos nuestro compromiso a votar cualquier solución que.surja para nuevas.Investi gaciones.’ No tenemos ningún inconveniente en hacerla Pero desearíamos que ahora esta. Comisión se circuns cribiera —por las razones abundantemente expresadas casi por todo los señores senadores— a las denuncias formuladas en relación con los cuarteles de Paysandú. SEÑOR PLA RODRIGUEZ. — ¿Me permite, señor se nador? SEÑOR SANTORO. — Sí, señor senador. SEÑOR PLA RODRIGUEZ. — Dado que he sido alu dido por el señor senador Hierro Gambardella, quiero decir’ que yo consulté a los compañeros de sector sobre la fórmula que estamos manejando y que a .nosotros nos parecía la mejor. Ella consiste en que en primer tér mino sean investigadas las denuncias difundidas en el Senado, sobre los detenidos en Paysandú y, luego, aque llas denuncias concretas que formulen los señores sena- 26 de junio de 1673 CAMARA DE SENADORES C. S.—277 dores en un plazo equis. Como advertimos que había ambiente en el Senado para votar la primera parte, es decir, solamente lo que se refiere a las denuncias de Paysandú y nosotros no queríamos debilitar nuestro apo yo a una m oción que, aunque no era la más completa, sin embargo significaba un paso positivo desde el punto de vista del Parlamento, .estábamos dispuestos a apoyar- – la, en el entendido de que una vez terminada esa in vestigación o aún antes —si el Senado lo considerara conveniente— se encargara a la misma Comisión el estu dio de otros ton as similares. Creo que es conveniente que sea la misma Comisión, señor Presidente, a efectos de que no se tenga que hacer todo.-el trámite de nuevo.. £ SEÑOR HiERRO OAMBARDELLA. — ¿Me permite una Interrupción, señor, senador? SEÑOR SANTORO. — Con mucho gusto. SEÑOR HIERRO OAMBARDELLA. •— Estaríamos completamente de acuerdo con la solución que estable ciera que esta Comisión que se va a nombrar, tendrá co mo com etido concreto y específico la Investigación, por un plazo determinado, de los sucesos de Paysandú. No tenemos ningún incdnvenlente —para las fórmulas futu ras— en aceptar que esta u otra Comisión se encargue, en el momento correspondiente, de las nuevas investi gaciones.que se voten. Pero desearíamos que ahora la Comisión surgiera coñ el mandato del Senado de inves tigar concretamente lo relacionado con Paysandú. ‘ * y SEÑOR SANTORO. — Continúo, señor Presidente. Es evidente que el ambiente del Senado es propicio, en esta oportunidad, a la investigación de los aconteci mientos ocurridos en Paysandú. Nosotros no vamos a in sistir en nuestra m oción, aunque manifestamos que opor tunamente vamos a reiterar los conceptos que hoy he mos expuesto, con la finalidad de que se proceda —sin perjuicio de analizar si las torturas ocurridas en otras instancias en el. país,— a la investigación de los he chos de Canelones. Y por una razón muy Importan te: porque allí no sólo estuvieron en juego los apre mios físicos de las personas involucradas en los acon tecimientos, sino que se llevaron al público, en forma rei terada y durante mucho tiempo, distintas informaciones —manejadas por el propio Jefe dé Policía en.conferen cias de prensa— que eran totalmente equivocadas y que hicieron caer a la propia Justicia en errores que fueron públicamente reconocidos cuando fueron puestos en li bertad quienes anteriormente hablan sido procesados en forma terminante. A raíz de estos acontecimientos del departamento de Canelones se generó .en la opinión pública un déscrelmiento en los valores que corresponde preservar tanto a la autoridad policial como a la judicial. Naturalmente^ es necesario proceder a una investigación muy profunda y cuidadosa de estás hechos, para tratar de recuperar algo de esos valores que actualmente han quedado, sin lugar a dudas, muy disminuidos. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — Se va a vo tar la designación dé la Comisión investigadora prepues ta; Integrada con cinco miembros, que dispondrá de- un plazo de 30 días para expedirse. SEÑOR ZORRILLA DE SAN MARTIN. — ¿Me permi te, señor Presidente? SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — Tiene la pa labra el señor senador. SEÑOR ZORRILLA» DE SAN MARTIN. — Los antece dentes en estos casos son de Comisiones de siete miem bros, para contem plar las distintas bancadas. Recuerdo la Comisión que presidió el señor senador Vas concellos, que estaba abocada a la investigación de torturas y se componía de siete miembros. También éramos siete los que componíamos la Comi sión dedicada a las denuncias formuladas por el señor senador Terra sobre las hostilidades del Escuadrón de la Muerte. SEÑOR HIERRO OAMBARDELLA. — No tenemos in conveniente, señor Presidente. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — La Comisión se integraría entonces con siete miembros y dispondría ‘ de un plazo de 30 días para expedirse. .S e va a’votar la m oción formulada. Los señores senadores por la afirmativa, sírvanse ln- – dicarlo. (Se vota:) — 17 en 18. Afirmativa. 10 La Mesa debe dar cuenta de que la interpelación al señor Ministro de Defensa Nacional solicitada por el se ñor senador Vasconcellos fue fijada para el próximo mar tes tres de julio a la hora 17 y 30. SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — ¿D ijo que venía? SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre), — La fecha» fue fijada de común acuerdo entre el señor Ministro y el Pre sidente titular del Cuerpo, señor Sapelli. SEÑOR FERRETOA ALDUNATE. — Mala tos le siento al gato. 11 SEÑOR RODRIGUEZ. — Pido la palabra. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). —, Tiene la palabra el señor senador. SEÑOR RODRIGUEZ. — He votado afirmativamente la Comisión Investigadora, en las condiciones propuestas. Deseo ahora dejar dos breves precisiones. Nosotros hemos votado siempre las Comisiones In vestigadoras sobre estos problemas. Hemos hecho denun cias muy graves desde las primeras aplicaciones de las Medidas Prontas de Seguridad de 1968, que ahora cum plen cinco años. En ciertas oportunidades nos correspon dió hacer denuncias detonantes sobre jovencltas de Mer cedes a las que se quería inculpar nada menos que de un tiroteo a un militar. Era absolutamente imposible que esa acusación se pudiera probar y para lograrlo se le hicie ron toda clase de torturas realmente inenarrables.- En tercer lugar, quiero decir que hemos denunciado, hace muy poco, torturas durísimas que, más allá de éstas que ahora se mencionan, han sido hechas ante el Juez. Pero aquéllas fueron realizadas ante mi, en form a per sonal, en sólo i 8 horas de plazo, que fue lo que tuvieron de libertad, los compañeros Sócrates Martínez y Carlos Julio Barrios. Todas ellas, personalidades sociales amplia mente conocidas en el Departamento de Maldonado. Estas, tienen el mismo valor que las denuncias formuladas ante el Juez, porque las realizaron ante m i persona, con toda la responsabilidad que ello supone. Por supuesto que no fueron pequeñas las torturas. Fueron semejantes a las que aquí se han mencionado en ese horripilante docu m ento que hemos leído. Pero con un agravante, porque se pretendía y se pretende —hasta el día de hoy están en la Laguna del Sauce y tal vez estén siendo torturados, no sé con la misma intensidad, estos dos compañeros— involu crados, nada menos, que en contrabandos de armas, de hace cuatro o cinco años. Se pretendía inmiscuirlos en un delito de carácter político, cuyas consecuencias para ellos y para el Partido a que pertenecen, van mucho más allá de las responsabilidades en que se les quiere hacer recaer. 278— C. S. CAMARA DE SENADORES 26 de junio de 1973 Estoy leyendo en este momento un documento que nos ha sido repartido. Observo que una de las personas invo lucradas, —lo que indica, por otra parte, el baj isimo ni vel político y social puesto de m anifiesto y el grado de sadismo a que se llega— dice, en un momento: “Está bien si fuera un sedicioso, pero si soy un demócrata, ¿por qué me torturan?” Esto Indica la absoluta incapacidad política de esta persona para darse cuenta de que el’ asunto de las torturas para arrancarle confesiones a un individuo sobre hechos que no cometió, o aunque los haya com etido, está reñido con toda norma y es absolutamente indigno. En este caso de Maldonado, por medio de la tortura física —alguna de las personas ha pasado los 65 años y tiene solamente un pulmón— qué muchas veces llega a grados inenarrables, se pretende traer a la propia persona delatora, que absolutamente Inventa toda clase de hechos, porque le mandan desde adentro que los invente, para tor turar directamente, con vejaciones de hecho y de pala bra. Son hechos que indican situaciones indignantes que se están viviendo en muchos lugares de represión y que por supuesto, deben ser condenados, como así se ha he cho una y otra vez. Ojalá que esta investigación sirva para poner coto a los desmanes qué se siguen cometiendo a vista y paciencia de las autoridades nacionales, que sa ben que eso se hace pero que no sé atreven a meterle la. mano. 12 SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — Para una cuestión de fueros, tiene la palabra el señor senador Ferreira Aldunate. SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — Señor Presiden te: el pasado viernes, el Directorio del Partido Nacional organizó un acto cívico en la Plaza Constitución de esta ciudad, a efectos de expresar la solidaridad del Partido con el Presidente de su Directorio, a quien se había pro cesado en función de actividades realizadas, no a título individual, sino en ejercicio de su cargo. Se trata —de ello se habló abundantemente en el propio Senado— de un hecho increíble, absolutamente desconocido en la tra dición nacional. No hay registro de episodios similares, y ni siquiera parecidos, a lo largo de toda nuestra historia, aún en los periodos en que los enfrentamientos fueron más graves, como ser, los de guerra civil. Todo ello, en cuadrado en lo que parece ser y es una campaña delibera da de destrucción del sistema político, de agresión per manente, inspirada en el propósito deliberado de crearle problemas al pais. Nos conducen a ello, no sólo los he chos- mismos, sino la oportunidad, en que se van produ ciendo porque se elige, deliberadamente, la forma en que se puede alterar la paz pública y los momentos en que esta alteración se vuelve más evidente. El procesamiento deí Capitán de Navio Homar Murdoeh fue hecho público el día antea de reunirse la Convención del Partido Nacional. Luego, producido su procesamiento sin prisión, y cuando el Partido convoca nuevamente a su Convención y a su gente a un acto público para expre sarlo su solidaridad, se inform a que* es propósito del Fis cal Militar, solicitar el apresam iento-‘del’Presidente del Directorio del Partido Nacional y de todos sus integran tes. Y la inform ación aparece el día mismo en que el Partido Nacional convoca a su gente en la Plaza Cons titución. Hoy no quiero hablar de este episodio. Lo traigo, úni camente, a modo de antecedente. El Senado ya expresó, a través de representantes de prácticamente todos los sec tores que lo integran, su repudio á esta agresión a ele mentales derechos de los Partidos Políticos. Lo que quiero señalar, señor Presidente, es otro as pecto de indudable gravedad. En la tarde del viernes, llegaron a nuestro conocimien to informaciones procedentes de fuentes absolutamente insospechables —digo informaciones, no hago referencia a rumores o sospechas— de que se estaría preparando una agresión al acto nacionalista, que se buscarla, deli beradamente, alterar el orden durante dicho acto. El señor senador Carlos Julio Pereyra, trató de poner los hechos en conocim iento del señor Ministro del Inte rior y del señor Jefe de Policía de Montevideo. No pudo hacerlo por no encontrarlos. Ello ocurría a media tarde del viernes, a las 18 horas, finalm ente, logró ponerse en contacto con el señor* Subsecretario del Ministerio dél In terior, doctor Abraham, a quien le expresó lo que acabo de relatar al Senado. El doctor Abraham manifestó que de inmediato se adoptarían las providencias tendientes a re forzar las medidas habituales de precaución, en esta opor tunidad, con el propósito de evitar cualquier riesgo de esta naturaleza. Cuando estaba próxim o a finalizar el acto de la Plaza Constitución, se oyó el estallido de petardos, inlciálm ente y, luego, de armas de fuego, disparado todo con un propósito muy claro de crear confusión, de provocar pá nico en la multitud o una intimidación muy evidente. La Policía, presente en número cuantioso, inmedia tamente hizo intervenir a los efectivos allí apostados. De bo advertir al Senado que la operación de esta provoca ción se desarrollaba prácticamente dentro del propio ac to, puesto que no solamente se producían estos estampi dos, sino que se arrojaban volantes en forma profusa. Los agresores estaban tan cerca, que los volantes calan aún en la proximidad de la tribuna, désde la cual hartan oír su voz los oradores. La Policía intervino rápidamente, impidiendo- que los integrantes de nuestras organizacio nes juveniles capturaran a los agresores. La Policía ten dió una barrera cerrada, dentro de la cual se retiraron, sin ser molestados, los autores de este atentado. Posteriormente, una columna Integrada fundamental mente por elementos juveniles, avanzó a lo largo de la calle Sarandí y luego por 18 de Julio, hasta la sede del Movimiento “Por la Patria”, en 18 de Julio y Germán Barbato, frente a la Intendencia Municipal, pacificam en te, por la vereda. A la cabeza de la columna, por la calle, iba lentamente, también, acompañándola, un vehículo po licial. Faltando, no digo minutos, sino segundos para ne gar hasta nuestro local ésta manifestación, se oyó el es tallido de unos proyectiles. No sabemos bien si hubo’ dls- .paros de armas de fuego o ño, porque todo quedó oculto por el Tuido provocado por la destrucción de todos los cristales de la planta baja del edificio. Iniclalmente, creíamos que los daños podían alcanzar a medio m illón de pesos; tememos ahora que oscilen en tre los dos y tres millones de pesos. . En ese momento no había un solo agente policial en el frente de nuestro local y ni un solo agente policial en las inmediaciones, a pesar de que lo corriente es que los haya. Sin acto público alguno siempre hay una, vigilancia bastante celosa, hasta por el hecho, mismo de que, a po-, eos metros, está el local propiedad del señor Presidente de la República en sociedad con el señor Juan José Gari, donde funciona la “Juventud Uruguaya de Pie”. Quizá para evitar incidentes^ allí, normalmente, hay fuerzas del orden en cantidad suficiente. Esa noche no habla allí ab solutamente nadie y, a pesar también de que 48 horas antes, los Integrantes de nuéstras organizaciones Juveni les que fijaban murales para anunciar el acto de la plaza, habían sido agredidos por una horda que salló de adentro de este edificio, provocando lesiones de bastante entidad a uno de nuestros muchachos. La Policía intervino inme diatamente, conduciendo detenidos a los heridos y exhor tando a los agresores a reingresar al local de la “Juventud Uruguaya de Pie”. Todo esto no seria sino un capitulo más en esta triste situación que vive la República, pero ocurre que esta vez resultará muy fácil determinar quiénes son los agresores, porque quienes hicieron los disparos en el acto de la Plaza Matriz y quienes destruyeron los cristales de nuestra sede política, en ambas circunstancias arrojaron, también, pro fusamente, estos volantes que aparecen por primera vez y que no han vuelto a ser distribuidos en ningún otro lugar. Por consiguiente, determinar quiénes fueron los 26 de Junio de 1973 CAMARA DE SENADORES 0 . S.—279 autores, los responsables de la impresión dé estos volan tes; es lo mismo que determinar quiénes fueron los res ponsables de esos atentados. Los volantes son muy curiosos. Tienen una literatura hecha toda de agravio y ataque personal, en un nivel muy inferior, diría repugnante. Un sicólogo-debe detectar fá cilmente un indico claro de homosexualismo en los re dactores de esta literatura, porque se advierte claramen- ‘ te por el estilo.-del documento. Por lq tonto, yo voy á so licitar qüe mis palabras pasen a conocim iento de los Mi nisterios del caso, a efectos de que hagan las indagaciones pertinentes. No creo indispensable acompafiar los ejemplares de estos volantes que obran en m i poder, porque parto del supuesto de due la Policía los posee, ya que Intervino in mediatamente después de producidos los dados, aunque también llegó tarde para aprehender a los responsables. Pero intervino, lógicamente, y aunque anunció la Inme diato comparecencia de la Policía Técnica, ésta no llegó, aunque.tampoco creo que tuviera mucho que hacer. Creo que es importantísimo indagar con urgencia y determinar estrictamente la responsabilidad en un caso en que, repito, es muy fácil determinarla, porque si bien los-volantes no tienen pie de imprento, en violación de las disposiciones vigentes, es bien sabido que/ en [esta materia, los tipos de imprenta son com ola s impresiones digitales. Cualquier policía técnica determina con-qué ti pos fueron confeccionados, y en qué im prento se hicieron estos papeles. -Ss importante hacer rápidamente ía averiguación, por dos razones. La primera, porque detrás de esta agresión hay un atentado a un partido político, es decir, a uno de los instrumentos fundamentales de nuestra vida democrá tica y, en segundo lugaT, es urgente hacer la indagación para evitar que sigan cundiendo los rumores que han sacudido, durante todo el día de hoy, a la ciudad de Montevideo, hasta para desmentir una afirm ación que se hace y se reitera, cuya inexactitud, repito, es muy fácil de demostrar apenas se haga dicha indagación. Se afirm a que estos volantes fueron impresos con pa pel propiedad del a ta d o, por oficiales de nuestras Fuer zas Arañadas,, en la imprenta de la Fuerza Aérea, sin auto rización de los Mandos. Creo que hay un verdadero interés nacional en que la indagación demuestre la falsedad de este rumor, que causa grave daño y agravia el prestigio de las Fuerzas Armadas. 1 Por ello, señor Presidente, solicito que las palabras que acabo de pronunciar sean elevadas a los Ministerios del Interior y de Defensa Nacional, a los efectos respec- – tivos. (Apoyados.) SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — Se va a votar la moción formulada por el señor senador Ferreira Aldunate. Los señores senadores por la afirm ativa, sírvanse in dicarlo. , (Se vota.) —18 en 18. Afirmativa. UNANIMIDAD. 13 SEÑOR CAPUTT. — ¿Me permite, señor Presidente, para una cuestión de orden interno? SEÑOR PRESIDENTE (Paz A gulrre). — Tiene la pa labra el señor senador. SEÑOR CAPUTI. — Señor Presidente: la Comisión de Asuntos Administrativos integrada, luego de largas sesiones durante casi tres meses, ha terminado su trabajo en lo que respecta al proyecto de Reforma del Regla mento del Senado. El mismo será repartido seguramente entre mañana y pasado. La Comisión resolvió por unani midad solicitar que el proyecto sea considerado en una sesión especial que realice el Cuerpo el jueves 5 de ju lio. En tal sentido, y a nombre de la Comisión, formulo la m oción «correspondiente. 14 SEÑOR FERREIRA AI PUNATE. — ¿Me permite, se ñor Presidente para una cuestión de orden? SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — Tiene la pa labra el señor senador, SEÑOR FERREIRA ALDUNATE. — La Comisión de Defensa Nacional —su Presidente no está presente en Sa la en este momento— aprobó un proyecto referente al régimen de extracción o de retiro de restos de naufragios o siniestros marítimos que afectan la navegación, confian do las tareas a la Prefectura Nacional Naval, y regulando las modalidades de ‘estas operaciones . La Comisión aprobó el proyecto y resolvió solicitar del Senado, su inclusión en la orden del dia en Ja próxima sesión. 81 el señor senador Caputl no tuviera inconveniente, podría incluirse como segundo punto de la sesión que él propone. (Apoyados.) SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — ¿Acepta el señor senador Caputl? SEÑOR C A Ftrn. — £& señor Presidente. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Agulrre). — Se va a vo tar la m oción formulada por él señor senador Caputl con el agregado propuesto por él señor senador Ferreira Aldunate. Los señores senadores por la afirmativa, sírvanse in dicarlo. 1 (Se Yote* ) —16 en 16. Afirmativa. UNANIMIDAD. 15 Para ocuparse del primer punto de la orden del dia, tiene la palabra el señor senador Pereyra , SEÑOR PEREYRA. — Señor Presidente: hace, algún tiempo que queríamos referirnos a problemas atinentes al funcionamiento de Ancap. a un tema al que damos mucha relevancia porque es indudable —nadie lo puede discutir— la Importancia que tiene este organismo eco nómicamente, en él país. Seguramente no hay otro más importante en la vida de la República dentro del dominio industrial y comercial del Estado que Ancap. No hay otra empresa industrial y com ercial más importante en el país que Ancap, sobre to do porque todo lo que se refiere a este organismo tiene, mucha trascendencia. Se ha hablado de denuncias, y es cierto. En algunos de los capítulos de la exposición que voy a hacer, hay denuncias concretas de maniobras y estafas que perjudi can al organismo. También quiero referirme a otros as pectos del mismo que considero muy importantes. 28(*-C. S. CAMARA DE SENADORES 26 de ju n io de 1073 Vamos a hacer esta exposición en el Parlamento por que es el medio que poseemos para plantear los temas de interés nacional, 3ra que estos organismos, com o se sa be, tienen autonomía y si son responsables ante alguien, lo son, fundamentalmente, ante el Poder Ejecutivo por que a nosotros hasta las disposiciones constitucionales que nos daban intervención en la designación de los miem bros de los Directorios de los Entes Autónomos, nos han sido escamoteados, por la via de las intervenciones. Por esta via ilegal que ha seguido recientemente el Poder Ejecutivo, se han designado los miembros de los Direc torios de los Entes Autónomos y Servicios Descentrali zados sin intervención del Senado. No tengo ninguna duda de la ilegalidad de la deslg- . nación de los Directores de estos organismos, por cuanto la decisión se basa en un decreto anterior que establece que, en virtud de que los organismos no .funcionaban, era necesario proceder a su intervención. En cam bio, aqui, se procede a una verdadera renovación sin cum plir el requisito establecido por la Constitución, que es el de la venia que debe otorgar el Senado de la Repú blica. Pese, entonces, a que el Parlamento ha ¿ido dejado de lado —en oportunidad de haberse solicitado las ve nias nosotros pudimos haber hecho estas m anifestacio nes—, tenemos la obligación de ocuparnos de este tem a. Diría (y es asi) que lo hacemos con un propósito de colaboración, hasta con este nuevo Directorio, aunque con sideremos que su designación es ilegal, porque es un he cho, una realidad. Mi exposición abarcará dos aspectos. Primero; plan teamientos referéntes a la explotación industrial y co mercial del organismo; el segundo; irregularidades den tro del mismo. En el aspecto relativo a la explotación industrial y com ercial del ente, voy a señalar algunos aspectos. Lo voy a hacer muy sintéticamente porque ya el Parlamento en oportunidades anteriores, se ha ocupado de estos temas en forma extensa y podríamos,’‘entonces, entrar en reite raciones innecesarias. Cuando nos referimos a Ancap, no podemos dejar de hablar, aunque sea un instante, del problema de los con venios petroleros. No podemos dejar de mencionar, tam poco, el tema de la boya petrolera. Tampoco podemos ol vidar aspectos que involucran una parte muy im portante — inclusive aspectos polémicos— de esta adm inistración. A los convenios petroleros me voy a referir sintética mente, porque mucho se ha hablado de ellos; pero, en esta exposición de hoy, como cabeza de la misma, viene bien mencionarlos porque, en síntesis, lo que me propon go demostrar es cómo Ancap ha ido cediendo, paulatina mente, su actividad en beneficio de particulares, cóm o Ancap un organismo estatal, destinado a ser el más po deroso, com o deciamos, de los qué integran el doihinio Industrial y com ercial del Estado, -ha ido entregando fa cultades que le son propias y explotaciones que son suyas, en beneficio de particulares. Asi, lo que podía redituarle al organismo ingresos importantes que podrían perm itir paliad sus cuantiosos déficit y que la población n o tuviera que pagar constantes aumentos sobre los productos que Ancap elabora, aquellos aspectos más rentables de la ex plotación repito, son entregados a particulares. Es toda una cadena que quizá empiece con lo más importante: los convenios petroleros. De ahi, la necesidad de mencionarlos. Otro de los casos que en el Parlamento se ha seña lado reiteradamente y también dentro del terreno de la cesión que Ancap hace de sus derechos en beneficios de empresas privadas, es el de Acodike. Cuando Ancap comenzó a vender supergás, en lugar de distribuirlo com o un producto más de su actividad, sin que nadie haya podido saberlo, pese a que han llovido los pedidos de informes, las exposiciones y las interpelacio nes —desde el año 1662 en que fui diputado oigo hablar de esto y pedir inform es—, nunca se aclaró cuáles son las razones por las que el Ente se desprendió de este im portante rubro de su explotación Industrial y com ercial. Otro de los aspectos a analizar podría ser —y debe serlo, pero lo vamos a dejar para otra oportunidad— él que tiene que ver con la explotación de las arenas ne gras de Rocha. Ancap ha hecho investigaciones a este respecto y hay estudios minuciosos realizados por sus técnicos, no sólo en cuanto al valor de los yacimientos sino, también, en lo que se relaciona con la rentabilidad de la explotación. No obstante todo eso, hasta ahora, no se ha concre tado ninguna resolución, com o hace pocos días lo señala ba el señor senador VasconceUos en exposición que en su oportunidad realizó. Sobre esto no m e voy a extender, porque, además» es un tema que está relacionado a diversos aspectos, algu nos de.orden científico y quizá fuera m ejor tratarlo en el ámbito de la Comisión. Por lo tanto, desde ya form ulo m oción para que la Comisión de Fomento Invite al señor Ministro de Indus tria y com ercio a los efectos de dilucidar esté aspecto de la explotación de las arenas negras de Rocha que ha Ido recibiendo sucesivas postergaciones. – Paso a otro aspecto que quiero mencionar entre Jos grandes temas, pese a que el Senado se ha ocupado de él, de tal manera, que dedicó una sesión de Comisión Ge neral para estudiarlo :1 a boya petrolera. ‘ Inútil sería agregar nada a este respecto sino fuera lo que voy a señalar de que al margen de todor lo que estaba en discusión, hay otro aspecto importante que pa só desapercibido. La boya petrolera se construirá más allá de la dis cusión que aqui se generó con el Directorio de Ancap, en la que intervinieron muchos legisladores, sobre el alma cenaje de petróleo crudo. Pero resulta que la refinería dé Ancap ya no es suficiente para refinar el petróleo que, conmunmente, está llegando en nuestros pequeños petro leros. De manera que no se concibe cómo se puede ha blar de Inversiones importantes en materia de boyas pe troleras para recibir petróleo crudo, cuando Ancap está importando cantidades grandes de petróleo refinado, por que la capacidad de su refinería ya está sobre-saturada. En cuanto a las irregularidades que vamos a señalar corresponde, en primer término, destacar el desorden ad ministrativo y contable que existe dentro del Organismo. Hay imprevisiones y verdadero caos en la organización de la actividad industrial de Ancap. Esos son los capítu-* los que pensamos tocar. Y por último, estafas en perjuicio del Organismo, en un aspecto muy importante, ya que signlílcá una verda dera sangría que ha venido sufriendo Ancap con cono cim iento de sus jerarcas y del Directorio a través de va rios años, sangría que se mide en cantidades muy eleva das de millones de pesos. Oreo que es el momento oportuno de plantearlo, cuando va a haber una nueva suba de los productos de A ncap Es importante saber cóm o, mientras la población tiene que pagar más por d ios Ancap se deja robar y estafar con pleno conocimiento de sus jerarcas. Es claro que esta tarea de denunciar irregularidades y maniobras es ingrata. Muchas veces hemos tenido que realizar desde este Parlamento esa tarea y a veces se nos ha colocado en la posición de personas poseídas de un afán destructivo en lugar de utilizar la banca legislativa pora construir, olvidándose que el Parlamento tiene dos clases de funciones que cumplir, Igualmente Importantes: tiene que legislar, pero también tiene que controlar cum pliendo un mandato expreso de la Constitución. Un Par lamento que sólo legisla y abandona sus funciones de con tralor, está abdicando de sus facultades y desconociendo el mandato constitucional. 26 de ju n io de 1973 CAMARA DE SENADORES C. a —281 De manera que cuando hacemos estas denuncias, es tamos en el cumplimiento de la misma disposición que cuando nos dedicamos a la redacción de textos legales. Se me puede hacer una crítica que se realizó hace poco tiem po de que éste no es el momento propicio pare denunciar irregularidades, que esta es una hora muy di fícil en te, vida de la República, con las Instituciones ame nazada», con el poder político atacado y que, por lo tanto, estas denuncias podrán favorecer los planes de aquellos que están Interesados – en destruir las Instituciones. Creo que es totalm ente al revés. Pienso que las instituciones se fortalecen cuando procuran purificarse, cuando pro curen cum plir integralmente la función que se le tiene asignada en la vida del Estado y creo que si los señores senadores piensan un Instante verán que es éste el ám bito donde podemos poner el acento en las irregularida des y las fáilas que pueda haber en nuestra administra ción y que no sea desde afuere, desde donde no corres ponde, que se entre a investigar en busca de ellas. Creo que, incluso, el régimen democrático, lejos de perjudicarse por estas denuncias, se fortalece, porque muestra esta actitud que.no se pretende ocultar la folla de los hombres, sino que la democracia Identifica esas follas, alejan del-seno, del funcionamiento de sus orga nismos, a los culpables o a los tolerantes con estas irregularidádes y los señala ante 1a opinión pública para que n o puedan volvér a merecer la confianza de la misma. ..i’** * .’ Creo, entonces. que en esta hora es importante, más – que nunca, señalar este tipo de irregularidades, que afee- . tan a organismos con integración política y no sólo de civiles, sino también de militares. En este senado, en el período anterior, hubo episodios que conmovieron a 1a opi nión pública, cuando aparecieron involucradas en muy graves irregularidades gobernantes civiles y militares. De manera que en esta tarea de que en la administración pública o en los cargos políticos aparezcan personas que cometen irregularidades o aprovechan de las mismas no en beneficio de la colectividad sino de si mismos o de sus familias o de grupos económicos o sociales, se dan las circunstancias de que nó es un privilegio de nadie apa recer com o más decente que otros. Por otra parte, ni los civiles n i los militares tienen en sus filas a todos los in capaces de com eter estas irregularidades ni a todos aque llos que son capaces de hacerlas. En las denuncias que voy a formular puede haber responsabilidad no sólo del último Directorio, sino, inclu so, del anterior. La hay, Indudablemente, en mayor grado, del que acaba de finalizar su actuación hace pocos dias e, incluso, la hay del que ya está actuando desde no hace un mes. . , • En este momento se está realizando una gigantesca maniobra en perjuicio de Ancap y de la población. Ancap, normalmente, no. alcanza a vender-un millón de litros d e . combustibles por día. Deben saber los señores senadores que se están retirando por día alrededor de tres millones de litros. Hay una cola de cinco cuadras, de camiones, dgtem qsr’Para llevar combustible pare almacenar y es pecular con’ él antes de la suba. Esto, que lo sabe toda la población de M ontevideo, ño lo conoce el Directorio ac tual, puesto que.no k> ha detenido. Todo el mundo áabe que se está almacenando cantidades fabulosas de combus tibles i>are aprovecharse de los nuevos precios en perjui cio de la población. Esto constituye una irregularidad de la que es culpable el actual Directorio que no le ha pues to coto, pese a conocerla toda la población del pais. El primer día del año actual, fijados los nuevos pre cios por Ancap, funcionarlos de la División Fiscal de la misma, efectuaron contralores en la existencia de pro ductos de ese Organismo mi los centros zonales, consta tándose que se encontraban con la capacidad subterrá nea y los tambores totalmente llenos y la cantidad ere superior a los 700 m il litros, lo cual habla sido comprado a precio viejo para percibir las diferencias. El Directorio de Ancap no dió andamiento a esta denuncia de espe culación, lo que rindió cifras millonarias para los acapa radores. Actualmente se procede de la misma forma, pues, re pito, desde hace tres días se vienen surtiendo de volú menes no normales en La Teja que exceden por las necesidades diarias, lo que están haciendo no sólo los agentes de Ancap sino las compañías privadas que están sacando cantidades importantísimas pare, beneficiarse con la diferencia de precios que tendremos dentro de pocos dias, en perjuicio directo de la población. En el proceso que vamos a .analizar, vamos a señalar, cóm o se ha ido entregando la actividad propia del Orga nism o en beneficio de los particulares. Como se entregó, por ejem plo, con los convenios petroleros, com o se en trega con la distribución de supo^á^ con los fletes, en el envasado, en la distribución de com bustibles. Es sabido que mi lo que tiene que ver con los con venios de Ancap, las compañías privadas le pagan al or ganismo estatal una cantidad que éste no fija, por la re finación de los productos que las com pañías extranjeras venden. Ancap refina petróleo pare las compañías extranje ras, pero no fija el precio de su trabajo. Este, en reali dad, lo fijan las compañías. En un pedido de inform es que debe haber llegado a los señores senadores porque se ordenó su repartido, fi gure el texto del convenio y .en él se establece que los honorarios de Ancap serón iguales al preció total de los productos deduciendo el valor y los beneficios correspon dientes a las.com pañías, se considera integrante de ese que hay que deducir los siguientes gastos reales de las com pañías: gastos de administración, es decir, que todos los sueldos, todos los gastos de administración de las compañías los paga Ancap; gastos de com ercialización y distribución (todo ello lo paga A ncap); comisiones y bo nificaciones de ventas (absolutamente todo eso lo paga Ancap), com o toda esa costosa propaganda que constante mente vemos por radio y televisión. Todo eso directa mente lo paga Ancap pese a .que es en beneficio directo de las compañías privadas. Pero además dice: integran también ese monto que hay que deducir antes de pagarle a Ancap los proventos, portuarios, impuestos internos, derechos de Aduana y ta sas correspondientes al petróleo crudo y a los productos derivados de este convenio, y corresponde también al cos to de Ancap la merma del viaje de petróleo crudo que se fija en 0.75 % . Esta es una pequeña muestra, porque si analizamos este convenio en otros aspectos y en toda su magnitud com o seguramente lo habrán hecho algunos señores se nadores, no cabe otra cosa que horrorizarse frente a lo que esto significa como entrega del patrim onio nacional y del deseo del legislador que instituyó el monopolio del Estado cuando creó Ancap. Ancap cobra io que sobre; después de pagar el pe tróleo, después de pagar los sueldos, de pagar la propa ganda, los seguros, los fletes, y las bonificaciones. Des pués de todo eso, si sobra algo, es lo que cobra Ancap por el trabajo que realiza pare las com pañías petroleras. Esta no es una denuncia nueva, desde luego, pero no podía omitirla en una exposición que pretendemos hacer sobre la vida de Ancap. Para dar una idea de lo que Importa uno solo de esos renglones, de eso rubros que he señalado, para que se den cuenta de la magnitud de lo que entrega Ancap, voy a señalar sólo el flete de las compañías privadas. En 1970, por flete de las com pañías privadas, se de dujeron a Ancap 407 millones de pesos, pesos de 1970, Ancap pagó, a Ancap le dedujeron por flete las compa ñías extranjeras, en 1970,407 millones de pesos. Así cons ta en el Informe de la Auditoria Interna de Ancap que figure en el expediente 182.182 a fojas 18 vuelta. No Insisto sobre el aspecto de los convenios petrole ros, porque considero que es un tema conocido por los señores senadores. Lo que si digo es que a su vez se dice 282—C. S. CAMARA DE SENADORES 26 de junio de 1973 se espera la sanción de una ley para anularlo, para lindarlo, cuando en realidad estudios de juristas tan prestigiosos, com o el doctor Juan José de Amfaagn, y cuan do incluso la opinión del Poder Ejecutivo anterior, e g r e sada a través del Ministro de Industria y Comercio, en Mensaje enviado a l Parlamento, ponen de manifiesto que no es necesaria la ley para la denuncia de estos conve nios. La desorganización administrativa de Ancap llega a limites inconcebibles. Ancap no tiene, siendo el más po deroso centro com ercial e industrial que tiene el país, lo que si tiene cualquier com ercio por pequeño que sea, cual quier industria. No tiene estudios de costos. Ancap no sabe lo que le cuesta nada de lo que elabora o produce. No tiene absolutamente ningún estudio de costos, aunque parezca inconcebible es asi. Esto no debe ser por falta de funcionarlos, puesto que uno de los males que se le ha señalado al Organismo es exceso burocrático. Para dar un solo ejemplo, debo decir que no hay ningún estudio para saber cuánto le cuesta a Ancap sus aceites envasados o despachado a granel. Ancap no sabe lo que le cuesta el litro de aceite. Los señores senadores preguntarán cómo fija los precios. Lo hace detrás de los precios que fijan las compañías privadas. Espera que los fijen las compañías privadas y luego busca ponerse a to no acercándose a los mismos y poniéndoles iguales pre cios. Actúa de tanteo, siguiente a la empresa privada. 7 esto es una empresa del Estado. Es el resultado de la política de un orgánismo creado dentro del ámbito esta tal, para hacer ima explotación com ercial e industrial dentro del dominio del Estado. i « x Quedan asi, entonces, lo s consumidores de estos pro ductos a merced de los precios que fijen las empresas pri vadas. Alguien puede decirme que Ancap tiene facultades para intervenir los precios de las compañías privadas, puesto que en los convenios para el suministro de crudo y refinamiento del mismo que utilizan las compañías ex tranjeras* se dice que Ancap cobrará luego de deducidos tales y cuales gastos. Si Ancap cobra luego de deducir tales o cuales gastos, lógico es, elemental, que Ancap ten- , ga acceso a la contabilidad de estes compañías extranje ras, pero no es así. Algunas veces Ancap ha pretendido averiguar si efec tivamente se> le paga por el refinado que realiza para las compañías extranjeras de acuerdo con el convenio y no ha podido porque no se le suministran datos. Sin embargo, Ancap para fija r sus precios, —caso concreto del aceite espera que lo fijen las compañías pri vadas y luego sigue el ritmo de las mismas, pese a que, en algunos casos, tiene stock de materias primas de años atrás, en cuanto a alguno de sus productos, lo que le podría permitir venderlos a precios mucho más bajos. Pues bien, podría citar diversos aspectos en materia de desórdenes administrativos y contables. La agenda de Rivera —para poner un ejemplo—’ la única que se tenia en aquella dudad por Ancap, se ce rró hace seis meses, y el suministro está, exdusivamente, . en manos de las empresas particulares, ya que el ente es tatal desapareció del m ercado. v Un episodio curioso —que muestra, también, cómo se manejan las cosas, aunque pueda parecer pequeño frente a los problemas tan importantes que se encuentran plan teados— que nos sirve, cuando menos, de indice, para saber como se llevan a cabo las actividades, es el si guiente. El organismo gastó cantidades muy importantes en programar una prueba automovilística que denominó “Las 6 horas de Ancap” ..In virtió sumas muy respetables en propaganda, donó todos los combustibles, todos los lu bricantes y todos los premios. Pero, señor Presidente, en los autos ganadores y, en general, en los que tuvieron m ejor colocación —y, acaso, si hubieran sido inspecciona dos, en todos— no habla productos del ente, sino de otras compañías que, al día siguiente, salieron en los diarios di ciendo que sus productos habían estado en los vehículos de “Las 6 horas de Ancap”. Quiere decir que aparecie ron, así, los productos competitivos de Ancap, con pro paganda financiada por ésta, derrotando a los del orga nismo estatal. A pesar de que, naturalmente, la prueba había sido organizada totalmente para publicitar los pro ductos de Ancap. Este es un episodio, reitero, chico, pero sirve para po ner de m anifiesto el desorden existente. En Ancap, hay una famosa planilla de disponibilidad de funcionarlos en la que, al año pasado, hubo 188 que estaban en sus casas o desarrollando otras actividades, aunque cobrando sus sueldos. La contabilidad del organismo se encuentra atrasada’ en dos años. Para arreglarla, se compraron las mejores máquinas; pero no se determinó el establecer previamen te que el suministro de los datos tenia que ser auténtico y veraz. Hay cuentas que tienen dos años de atraso y que no están actualizadas. Algunos agentes privilegiados del anterior Directorio, utilizaban la siguiente política. Como no existían datos concretos en Ancap sobre sus cuentas corrientes, se so bregiraban en cantidades multlmlllonarias; cuando un día, esto se descubría, él Directorio, en lugar de intimar ei. pago por parte de quien era uno de sus agentes favoritos, arreglaba el asunto muy, fácilm ente: le aumentaba el cré dito hasta el lim ite en ‘ que estaba sobregirado. En esta form a, se subsanaba la irregularidad. Esto sucedió, repe tidas veces, con un agente importante que tiene Ancap en la ciudad de Florida. Más aún: el reconocim iento de que ni siquiera se lle van las cuentas corrientes de los agentes, se encuentra en una circular emitida muy recientemente —el 7 de abril de 1973— dirigida a los señores agentes, revendedores o clientes particulares dél organismo. Me voy a permitir leerla. Dice asi: “Por la presente reiteramos a usted las disposiciones que rigen en esta Administración para la realización de las compras en régimen de Cuenta Co rriente. De acuerdo a las normas establecidas en los Ma nuales vigentes, las Cuentas Corrientes sobregiradas pue den dar lugar a sanciones que llegan al cierre de la cuen ta, lo que significa la imposibilidad de com prar tanto a crédito como al contado” . Es claro que, como decíamos recién, cuando el agente es amigo del Directorio, si éste se sobreglra luego le aumentan el crédito, en lugar de aplicarle las sanciones establecidas por la reglamentación. Pero fíjense, señor Presidente, señores senadores, lo que dice después: “Por lo expuesto y con la intención de evitar graves inconvenientes tanto al Comprador como a esta Administración solicitamos a usted: 1?) Llevar su Cuenta. Corriente cuidadosamente y al dia” . Noten que, en lugar de hacer la tarea Ancap, la tiene que llevar a cabo el agente. El organismo no puede tener al dia las cuentas corrientes de los agentes y, entonces, le dice a éstos que tienen que llevarlas “cuidadosamente y al día” . 7 concluye: “2?) Evitar el efectuar solicitudes de Compra estando su cuenta sobregirada” . La ausencia de estos contralores que tiene que hacer Ancap —y lo anteriormente expuesto, asi como otras co sas —es’ un índice del caos administrativo y contable que impera dentro de Ancap, pese a que el organismo contra tó una empresa consultora —denominada “Arthur Young”— con la finalidad de alcanzar la reestructuración del ente en esa materia. Y esto se extendió, posterior mente, no sólo a la parte contable, sino, también, a la estructura administrativa de Ancap. Olvidando que el Estado tiene —o, por lo menos, por ahí figura— una Oficina del Servicio Civil, aquí se con trató una empresa extranjera para arreglar, primero, la contabilidad del instituto y, después, para extender su ac ción a la reorganización administrativa del organismo. 20 de junio de 1973 CAMARA DE SENADORES C. S.—283 Esta labor, en la parte administrativa, de la empre sa consultora “Arthur Young”, ha creado un caos ver dadero, m ucbo mayor que el anterior a su intervención. Se constituyó una Comisión de Recursos Humanos, que aconsejó al Directorio diversas medidas: cambio de funciones de los empleados que los perjudicaban econó mica o funcionalmente, traslado de funcionarios, ascen sos de los mismos y otras cosas por el estilo. El hecho cierto es que pasó por encima de todas- las normas que regulan la administración del organismo y de las dispo siciones contenidas eh el Estatuto del Funcionario, lle vando, sin concurso, a empleados de mediana categoría a cargos de Jefe de gran importancia. También se dló el caso Inverso, con continuas postergaciones en los as censos y demás, realizándose todo en la forma m ás ar bitraria posible, sin reconocimiento de derechos adquiri dos como el de la antigüedad, por ejemplo, y dejando de lado las condiciones personales de los empleados y sin tener en cuenta, absolutamente, ninguna norma. Es el capricho y la arbitrariedad, repito, lo que rige. Creo que con esto se puede tener, ya, una muestra del desorden administrativo y contable de Ancap. , Señalaba hace un rato que del tema de la boya el senado se ocupó en una sesión realizada en régimen de Comisión General. Sin embargo, el construir la boya —más allá de la’ discusión qué aquí se realizó— a mi jui cio (no soy técnico, pero creo que basta el.sentido co mún para esto) significa estar colocando la carreta de lante de los bueyes, en cuanto se pretende hacer una erogación importantísima para construirla, junto con un oleoducto para traer petróleo crudo, dejando de lado el hecho de que la refinería de Ancap ya no da más. Hay que pensar, antes, en el aprovisionamiento y en tener una nueva refinería, tal como lo han aconsejado firmas con sultoras contratadas por el ente para estudiar esta si tuación . Voy a mostrar en cifras, cómo crece la importación de refinados. Quiere decir que Ancap, que tuvo su origen, su razón de ser, en el deseo dql legislador de que el petróleo fuera refinado en el Uruguay, por una empresa estatal con ca rácter de monopolio, ha visto desvirtuada por la impor tación creciente de petróleo refinado, esa tarea. Repito que la refinería de Ancap resulta insuficiente para las ne cesidades del pais. En 1969, se importaron 800 mil dólares —me estoy re- , firiendo a productos destilados— ; en 1970, 1 millón 700 mil dólares; en 1971, 2 millones 500 mil dólares; en 1972, 7 millones 100 mil dólares; y para 1973, se ha previsto la suma de 10 millones 500 mil, dólares. Todo esto en petró leo refinado, en productos destilados. . Aquello que la ley demanda hacer al organismo, éste lo trae hecho desde el exterior, porque la refinería no alcanza para’las necesidades del país. La capacidad má xima de proceso de la actual refinería, corresponde a 2 millones de metros cúbicos anuales y está sobresaturada. Veo que nos vamos a quedar sin número y quiero en trar a la parte más importante, que es la de la estafa .realizada contra Ancap. Quiero señalar que el costo del refinado importado es el doble que el del hecho por Ancap. Cuesta el doble el petróleo refinado que el crudo. En un país en que nos quejamos de la falta de divisas, nos damos el lujo de traer petróleo refinado y de soñar con boyas petroleras, cuando no tenemos cómo cumplir en el primer cometido que le asignó la ley al organismo, que es el monopolio del refinado del petróleo.’ Entro a la parte referente a la estafa de que ha sido victima el organismo, por sumas que se me han señala do, pero sobre las que no tengo la comprobación para exhibir a los señores senadores, aunque se me ha asegu rado que la auditoría interna las ha fijado, en los últimos dias, en más de m il millones de pesos. . Ancap habría sido robada por más de m il millones de pesos, en la distribución de su combustible, por el régi men elegido, con perfecta y total conciencia de sus jerar cas, que conocían la maniobra, reiteradamente denuncia da por la Dirección General del organismo. Esta es la historia de la denuncié Ancap fue cons truyendo plantas en el interior de la República. Estas plantas obedecían a un principio sano y de beneficio para el pais, que era el de la descentralización. SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — lam ento in terrumpirlo, señor senador, pero ya hace varios minutos que el Cuerpo está sesionando sin quórum. Se está llamando a Sala con el timbre y por los parlantes. SEÑOR PEREYRA. — Es curioso que precisamente cuando se va a poner de m anifiesto cómo se roba al pais por medio de una maniobra contra Ancap, algunos de los senadores no tengan interés en el tema. 16 SEÑOR PRESIDENTE (Paz Aguirre). — No hay nú mero para continuar sesionando. Se levanta la sesión. (Asi se hace a la hora 20 y 29 minutos, presidiendo el señor senador Paz Aguirre y estando presentes los se ñores senadores Caputi, Costanzo, Fencira Aldunate, Hie rro Gambardella, Jode, Moderas, Ortiz, Paz Aguirre, Pereyra, Plá Rodríguez, Rodríguez Camusso, Rodríguez, Santora, Vasconcellos y Vaz.) . Dn. JORGE SAPELLI Presidente Dn. Mario Farachio . Secretario Dr. Manuel María de la Bandera Prosecretario Dn. MARIO OKREGO BARRIOS Director del Cuerpo dé Taquígrafos




ODONTOLOGIA INTEGRAL DRA. EMMILY LONG